Tratando de encaminar el acuerdo Entre finales de febrero y principios de marzo, cuadros técnicos del Mercosur se encontraban celebrando una nueva ronda de negociaciones a finales de febrero con sus pares de la Comisión Europea, con el objetivo de intentar destrabar el acuerdo entre la UE y el bloque sudamericano. En esta negociación se esperaba lograr la definición de sectores para la rebaja de aranceles que debería regir entre los dos bloques en el marco de un acuerdo birregional de comercio. Desde el relanzamiento de la negociación en 2010 se han desarrollado 7 rondas de negociación. La octava se realizará en Bruselas, el día 12 de marzo, donde se debería definir el nuevo cronograma de reuniones, aunque no existe fijada una fecha de conclusión para las negociaciones. Si bien hay temas en los cuales ya habría acuerdo, el principal escollo radica en que las partes aún no han realizado el intercambio de listas de acceso a los mercados, es decir, aquellos productos sobre los cuales se ofrece rebaja arancelaria. Asimismo, en ciertas cuestiones como propiedad intelectual, subsidios y ayuda interna, salvaguardias y reglas de origen tampoco se ha llegado a un acuerdo. Ambas partes han enviado mensajes políticos a favor de un tratado, pero el contexto de crisis europea complicó el panorama, con Argentina y Brasil buscando proteger su mercado interno para evitar el impacto de la crisis global. Precisamente, la suba del arancel externo común (AEC) que negocia el Mercosur también podría complicar la negociación. Según trascendió, sólo algunos productos para consumo llegarían al 35% permitido por la OMC. Pero en el caso de los bienes intermedios y maquinaria industrial, el Gobierno indicó que la suba será menor. En el caso de bienes de capital, trascendió un plan oficial para subir el arancel externo común al 14 por ciento. Desde Brasil, quien ostentará la presidencia pro tempore del bloque en el segundo semestre del año, se ha señalado que se pondrá el mayor empeño en la conclusión de esas negociaciones con la UE. En palabras de su presidente, Dilma Rousseff, la “conclusión de un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea contribuirá a una muy importante ampliación del comercio», necesaria para que la economía mundial recobre su vigor. También en días previos, el canciller de Brasil, Antonio Patriota, recibió a la responsable de Relaciones Exteriores y Defensa de la UE, Catherine Ashton, y al ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, con quienes analizó el estado de esas negociaciones y coincidió en la necesidad de concluirlas. Días antes de esta reunión, la CE publicó su segundo informe anual sobre las trabas a la inversión y el comercio con seis socios comerciales estratégicos: Mercosur, China, India, Japón, Rusia y Estados Unidos. De las barreras identificadas en 2011, el estudio denuncia que «no hubo mejoras» en los países del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), que además continuaron con algunas de sus tendencias proteccionistas. El estudio subraya que los obstáculos que imponen Brasil y Argentina al comercio marítimo y a la exportación de materias primas se deberían resolver a través de un tratado de libre comercio. Otros asuntos que el informe considera urgente combatir son las nuevas medidas que se aplican en Brasil y Argentina. En el caso de Brasil, el informe denuncia la discriminación fiscal a los fabricantes de vehículos producidos en el extranjero o el endurecimiento de los controles de aduanas sobre la importación de textiles. De Argentina critica la introducción de nuevas restricciones aplicables a las agencias de seguros para que solo las firmas nacionales o las establecidas en el país puedan prestar ciertos servicios.
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MERCOSUR – UE
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