Siguen las trabas para los OGM en la UE La situación de los OGM en la UE está lejos de resolverse. Mientras que la Comisión Europea (CE) se encuentra analizando una propuesta de la presidencia danesa de turno de la UE para desbloquear el procedimiento de autorización de los transgénicos, en Francia la ministra de Ecología, Nathalie Kosciusko-Morizet, anunció la prohibición de cultivar semillas de maíz genéticamente modificado antes de final de febrero, mediante una nueva moratoria. Por el lado de la CE, se pretende desbloquear la situación de los transgénicos, sobre la base de una propuesta que plantea dar una mayor libertad a los países a la hora de decidir si permiten o vetan la plantación de transgénicos. Durante el año pasado se autorizó el cultivo en la UE de dos tipos de OGM: el maíz MON810 (Monsanto) y la patata Amflora (BASF). Precisamente, esta última empresa, de origen alemán, ha anunciado el pasado enero que dejará de desarrollar y comercializar transgénicos en la UE, debido al rechazo de la opinión pública, los agricultores y muchos gobiernos. Sostuvo que en adelante se concentrará en el mercado estadounidense y que la decisión «no tiene nada que ver con la legislación europea, que debería funcionar mejor si los Estados miembros la aplicaran correctamente». De esta forma, el único cultivo que seguirá adelante en 2012 en Europa será el maíz MON810, prohibido en siete países (Francia, Alemania, Austria, Grecia, Hungría, Luxemburgo y Bulgaria). En referencia a este mismo es que Francia ha aplicado una nueva moratoria para su cultivo, ya que la anterior que databa de febrero de 2008 fue recientemente invalidada por la Corte Europea de Justicia, con sede en Luxemburgo, y por el Consejo de Estado francés. Por su parte, Monsanto afirmó que no venderá maíz transgénico en 2012, señalando que no ha vendido dicho producto en Francia desde hace casi cinco años y no está previsto proponer estas semillas en territorio francés en un futuro próximo. En cuanto a los agricultores europeos, se ha señalado que serían desplazados en el competitivo mercado mundial de granos, ante la hostilidad de los consumidores del bloque hacia los organismos genéticamente modificados (GMO), desalentando la investigación y la producción de cultivos de alto rendimiento y resistentes a las plagas. Se ha advertido que en los territorios que tienen acceso a OGM, trabajarán más rápido que en Europa, por que perderá en términos de competitividad con el resto del mundo, notablemente en el maíz. En relación a esto, se ha subrayado que debe defenderse el derecho del agricultor a elegir los cultivos y que la UE no debe cerrar las puertas a esta tecnología con argumentos que se basan en «ideologías, manipulaciones informativas, intereses políticos de algunos países e intereses económicos de otros tipos de concepto de agricultura». Finalmente, en Francia los alimentos podrán etiquetarse con la leyenda «sin organismos genéticamente modificados» a partir del próximo 1 de julio, si cumplen una serie de condiciones, según indicó a principios de febrero el Gobierno, que justificó la medida por las demandas de las asociaciones de consumidores. En un comunicado conjunto, los ministros de Ecología, Nathalie Kosciusko-Morizet, Economía, François Baroin, Agricultura, Bruno Le Maire, y Consumo, Frédéric Lefebvre, se señaló que la “indicación de la ausencia de OGM en los productos permitirá a los consumidores elegir plenamente». El decreto publicado en el Diario Oficial precisa que para poder llevar esa etiqueta los alimentos de origen vegetal (como la harina, el almidón o la lecitina) podrán contener trazas de OGM hasta un máximo del 0,1 %. Los de origen animal (carne, pescado o huevos) podrán precisar si el umbral potencial de transgénicos es inferior al 0,1 % o al 0,9 %. En el caso de la miel y el polen, la especificación hará alusión a si las colmenas estaban situadas en un punto donde no había cultivos genéticamente modificados en un radio de tres kilómetros.
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UE – OGM
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