China y EE.UU. lograron un principio de acuerdo para evitar la guerra comercial, que incluiría además de incrementos en las importaciones Chinas, temas de propiedad intelectual e inversiones. Por otro lado, EE.UU. efectivizó aranceles al acero y al aluminio procedentes de la UE, Canadá y México.
Luego de varios días de diálogo, delegaciones de China y EE.UU. anunciaron que encontraron puntos comunes para reducir el conflicto comercial que enfrentan, y acordaron mantener conversaciones de alto nivel para solucionar sus preocupaciones de manera proactiva. La disputa había cobrado fuerza en el mes de marzo, cuando ambas potencias se amenazaron con fijaciones mutuas de aranceles y acusaciones cruzadas de violación de las normas de la OMC, principalmente motivadas por el fuerte déficit comercial que mantiene EE.UU. con China y a prácticas comerciales utilizadas por el gigante asiático. (Ver Boletín 169)
Entre los principales productos potencialmente afectados se identifica al poroto de soja que China compra a EE.UU. A mediados de mes el U.S. Soybean Export Council (USSEC) trató de reducir las preocupaciones por parte de los productores norteamericanos. Al respecto, el analista John Baize destacó que no quieren que el arancel de 25% anunciado por China entre en vigor dado que quieren acceso a todos los mercados, pero agregó que “si bien sería negativo, de ningún modo sería una calamidad”. Sin embargo, aclaró que si el cierre chino se mantuviera por varios años, ello incentivaría la producción en Sudamérica. A pesar de estas oportunidades para terceros países, el resultado neto de una guerra comercial difícilmente habría sido positivo para ningún actor. De ese modo, la negociación se planteaba como una necesidad para el comercio global.
Siguiendo los más recientes anuncios, las negociaciones entre ambas partes rindieron frutos. De acuerdo con un comunicado conjunto, se consensuó un marco para tomar medidas con el fin de “reducir de manera sustancial” el déficit en el comercio de bienes que EE.UU. tiene con el gigante asiático, lo que sería posible gracias a la creciente demanda por parte de los consumidores de este último.
En particular, se prevé un incremento en las ventas hacia China de productos agrícolas y energía, con detalles a definir, para lo que EE.UU. enviaría un equipo de negociadores. Se crearían, además, condiciones favorables para incrementar el comercio en bienes manufacturados.
Según informó el Secretario del Tesoro Steve Mnuchin a Fox News, como resultado de las negociaciones existen objetivos de comercio hacia China para cada industria, con cifras que mantuvo en reserva. Pero adelantó que EE.UU. espera un incremento de las compras chinas de productos agrícolas entre un 35% y 40% este año, y el doble de las compras en 3 a 5 años para el sector de energía. Por otro lado, destacó que, si bien gracias al acuerdo las medidas arancelarias anunciadas por EE.UU. se mantendrían en espera, Trump “puede decidir volver a poner los aranceles si China no cumple con los compromisos asumidos” (Traducción propia).
Más allá de lo estrictamente comercial, China avanzaría en la regulación de las normas que protegen la propiedad intelectual, incluyendo la ley de patentes. Simultáneamente, ambos países alentarían a los flujos de inversión en ambos sentidos, además de promover un campo de juego equilibrado para la competencia.
Un nuevo capítulo se dio a conocer más recientemente, cuando EE.UU. efectivizó aranceles de 25% al acero y 10% al aluminio procedentes de UE, Canadá y México, finalizando una exención de dos meses. Australia, Argentina y Brasil quedarían exentos, lo que habrían logrado gracias a limitar el volumen de los envíos a EE.UU. Las respuestas no se hicieron esperar: Canadá anunció una retaliación con aranceles en whiskey, jugo de naranja, acero y aluminio entre otros productos con origen estadounidense. Por su parte, México impondría aranceles en productos agrícolas e industriales, principalmente en cerdo, manzana, uvas, queso, acero y otros. La UE debe aún consensuar entre sus miembros su actuar, pero se espera, en función de listados previos, que se observen efectos tanto en productos de consumo final como jeans o whiskey como en productos agrícolas e industriales.

