En un reciente discurso el presidente norteamericano, Barack Obama, dio a conocer detalles de su Iniciativa Nacional de Exportación (INE). Esta iniciativa fue creada con el propósito de alcanzar el objetivo de duplicar las exportaciones estadounidenses durante los próximos 5 años, y así contribuir a crear millones de nuevos puestos de trabajo en EE.UU. El Presidente reconoció que el comercio genera posiciones encontradas y que debe convencer a sus compatriotas de que comerciar con el mundo es bueno para EE.UU. Según Obama, aumentar las exportaciones resulta imperativo en el corto plazo, debido a que por cada 1.000 millones de dólares adicionales en exportaciones se lograrían más de 6.000 nuevas fuentes de empleo. A su vez, aumentar las ventas al exterior es crucial para la prosperidad en el largo plazo. “El 95% de los consumidores y los mercados más dinámicos se encuentran fuera de las fronteras de EE.UU. y debemos competir por ellos”, señaló el mandatario. La INE es una estrategia diseñada para mejorar las condiciones que afectan directamente la habilidad exportadora del sector privado. Entre las políticas que la conforman se encuentran: a) mejorar la asistencia técnica a las pequeñas y medianas empresas que exportan por primera vez; b) identificar nuevas oportunidades de exportación en los mercados internacionales; c) llevar a cabo misiones comerciales para promover los productos estadounidenses; d) asegurar la defensa de los intereses comerciales de las empresas norteamericanas; e) aumentar la disponibilidad de créditos para las empresas que deseen exportar; f) mejorar el acceso a los mercados a través de la reducción de las barreras al comercio; g) velar por el cumplimiento de los acuerdos ya fimados; y h) promover la exportación de servicios. Para llevar adelante esta iniciativa, se creó el Gabinete para la Promoción de Exportaciones de la Casa Blanca. El mismo será el encargado de diseñar y poner en práctica las políticas mencionadas, y estará formado por los secretarios de Estado, Tesoro, Agricultura, Comercio y Trabajo, el Representante Comercial de EE.UU y el Director de la Oficina para el Manejo del Presupuesto, entre otros. A su vez, Obama relanzó el inactivo Consejo de Exportación del Presidente, un comité constituido por los directivos de las principales empresas norteamericanas, destinado a brindar asesoramiento en materia de comercio exterior. En lo que respecta a negociaciones internacionales, la prioridad será el Acuerdo de Sociedad Económico Estratégico Trans-Pacífico, que incluirá a EE.UU., Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Brunei, Peru, Chile y Vietnam. Las negociaciones para lo que los negociadores norteamericanos llamaron “el acuerdo del Siglo XXI” comenzarán en la segunda mitad del mes de marzo. Los representantes de EE.UU. pretenden que además de la eliminación de las barreras arancelarias y no arancelarias al comercio entre estos países, el acuerdo incluya comercio de servicios, propiedad intelectual, fuertes estándares laborales y medioambientales, y proteja los intereses de las pequeñas y medianas empresas. La idea es que a medida que avancen las negociaciones se vayan sumando nuevos miembros al potencial acuerdo, comenzando por Malasia. Obama también abogó por un pacto en la Ronda Doha que mejore el acceso al mercado mundial de los bienes norteamericanos. En este sentido, el representante Comercial norteamericano, Ron Kirk, criticó a los países en desarrollo por pensar que la Ronda solo se trata de agricultura y demandó de países como India, Sudáfrica, China y Brasil mayor apertura en bienes industriales. Al respecto, en su visita a Washington, el director general de la OMC, Pascal Lamy, no logró convencer a los representantes de ese país de las bondades de un posible pacto en Ginebra. Lamy se reunió con altos funcionarios y legisladores con la intención de conocer la posición de EE.UU. de cara al futuro del proceso negociador. Por otro lado, Obama se comprometió a trabajar para lograr la aprobación por parte del Congreso de los tratados comerciales pendientes con Corea, Panamá y Colombia. Aunque recalcó que la Casa Blanca no promoverá ningún pacto con aquellos países que no adhieran a estrictos estándares laborales. Por último, el presidente de EE.UU. realizó un llamado a las autoridades chinas para que se muevan a un tipo de cambio “más orientado al mercado” que permita la consolidación de la recuperación de la economía mundial. Las críticas de los legisladores al programa esbozado por el Ejecutivo fueron variadas y no se hicieron esperar. Algunos expresaron que la demora en la ratificación de los tratados comerciales daña la credibilidad de EE.UU. en el exterior. Otros, por el contrario, reclamaron al Presidente el retiro del país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), en cumplimiento de lo que denominan el primer paso para la modernización de la política comercial estadounidense. Las posiciones al interno del país se encuentran muy divididas entre aquellos que creen que estos tratados le cuestan a EE.UU. muchos puestos de trabajo, y quienes consideran que los acuerdos comerciales contribuyen al desarrollo del país. Esto hace pensar que a pesar de su intención de recuperar el terreno perdido como principal exportador mundial, será muy difícil que, por el momento, EE.UU. pueda llevar adelante con éxito alguna negociación comercial internacional.
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EE.UU. – POLÍTICA COMERCIAL
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