La Unión Europea se encuentra transitando ya un nuevo camino en materia de política agropecuaria, que planteará importantes desafíos al futuro de su sector lechero. El pasado 31 de marzo finalizó el régimen de cuotas lácteas, que había sido creado en 1984 imponiendo límites a las producciones nacionales para hacer frente a los excedentes estructurales, consecuencia de una política que incentivaba la producción comunitaria a niveles que superaban ampliamente la demanda. La eliminación de estas restricciones a la oferta de leche al interno de la UE fue acordada en la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) de 2003, y confirmada en el denominado “chequeo médico” de 2008.
De acuerdo a la Comisión Europea (CE), esta medida responde a la necesidad de ofrecer flexibilidad a los productores para responder a la mayor demanda del mercado mundial, especialmente en los países asiáticos. El Ejecutivo comunitario destacó que, incluso con cuotas, las exportaciones lácteas de la UE han aumentado en los últimos cinco años un 45% en volumen y un 95% en valor. Se espera que este crecimiento continúe, particularmente en el caso de los productos con valor añadido (tales como el queso), pero también en el de los ingredientes que se utilizan para la fabricación de productos nutricionales, dietéticos y para deportistas.
También subrayó que las sucesivas reformas de la PAC han acentuado la orientación del sector al mercado, dotándole, al mismo tiempo, de otros instrumentos más focalizados para ayudar a los productores de las zonas vulnerables, donde los costes de producción son más altos.
No obstante, entidades de productores protestaron en Bruselas, porque consideran que el nuevo sistema conducirá a aumentos de producción y caídas de precios e ingresos. Sostienen que la CE debería facilitarles más herramientas para responder a la volatilidad de precios.
Las opiniones se encuentran divididas entre aquellos que sostienen que la producción de leche en la UE aumentará como consecuencia de la supresión de las cuotas, y aquellos que creen que principalmente se producirá una redistribución de la producción en favor de los países más competitivos del bloque. Dado que la UE es uno de los principales exportadores mundiales de estos productos, la medida podría tener consecuencias para el mercado internacional.
En declaraciones, el Comisario de Agricultura y Desarrollo Rural, Phil Hogan, afirmó que “el final del régimen de cuotas lácteas constituye un reto a la vez que una oportunidad. Un reto, porque toda una generación de productores lácteos tendrá que vivir en circunstancias radicalmente nuevas y desenvolverse, qué duda cabe, en un medio caracterizado por la volatilidad. Pero será también, ciertamente, una espléndida oportunidad en términos de crecimiento y empleo”.

