Durante los primeros días de diciembre, con la presencia de casi 3.000 delegados en representación de sus 153 Miembros y 56 observadores, la OMC celebró en Ginebra la Séptima Conferencia Ministerial de su historia. A diferencia de sus predecesoras, se desarrolló bajo un clima tranquilo y con pocas expectativas. El programa de trabajo estuvo concentrado en una revisión de las actividades que desarrolla la organización, así como en el debate en torno al papel de la OMC en la recuperación económica. Desde un principio, ante el estancamiento en el que se encuentran las negociaciones de la Ronda Doha, la reunión fue ideada como un ejercicio de evaluación de la labor de la OMC frente al nuevo contexto mundial, lo que le restó trascendencia en los medios internacionales. Por este motivo, si bien los discursos hicieron referencia al estado actual de las conversaciones por un pacto mundial de comercio, no existieron negociaciones directas entre los Ministros. No obstante, según fuentes especializadas, existieron acercamientos informales de manera paralela al encuentro ministerial, en las sedes de las misiones diplomáticas, para tratar temas relacionados con la Ronda. En el resumen preparado por el presidente de la conferencia, el ministro de Hacienda chileno, Andrés Velasco, se señala que los Ministros subrayaron la necesidad de prestar mayor atención a las cuestiones específicas relativas a los países menos adelantados (PMA), destacaron que el creciente número de acuerdos comerciales bilaterales y regionales plantean un problema para el sistema multilateral de comercio, se mostraron de acuerdo en facilitar el proceso de adhesiones a la OMC, consideraron que la creación de capacidad comercial es esencial para hacer frente a las limitaciones de oferta que impiden recolectar los beneficios del comercio, expresaron la importancia de mantener el impulso de la Ayuda para el Comercio, debatieron acerca del fortalecimiento de la eficacia institucional de la OMC y acentuaron el valor del sistema de solución de diferencias. A su vez, según el Presidente, en los debates se han hecho numerosas afirmaciones sobre otras cuestiones a las que se enfrenta actualmente la OMC o a las que se enfrentará en el futuro. Entre ellas se citan el cambio climático, la eliminación de los obstáculos al comercio de bienes y servicios ambientales, el llamado “proteccionismo verde”, la seguridad alimentaria y la suficiencia energética. Algunas delegaciones expresaron su preocupación por la nueva aparición en escena de los “temas de Singapur” (contratación pública, competencia e inversiones). En lo que hace a la Ronda Doha, los participantes reafirmaron la necesidad de concluirla en 2010, sobre la base de los progresos realizados hasta la fecha. En este sentido, habría obtenido una buena acogida la idea de que en la próxima reunión de altos funcionarios se elabore una “hoja de ruta” que facilite la concreción de este objetivo. Por el momento, los Miembros se han comprometido a realizar durante el primer trimestre del año próximo una reunión de “inventario”, en donde se realice un balance de los progresos alcanzados y se evalué la posibilidad concreta de culminar la Ronda. Existe un consenso generalizado entre funcionarios y representantes de los Miembros de la organización de que las negociaciones deben acelerarse durante los primeros meses de 2010, si se quiere arribar a un acuerdo para finales de ese año. A pesar de esta manifestación de intenciones, continúan existiendo importantes diferencias sobre el contenido sustantivo de los borradores de acuerdo, y se ha reconocido ampliamente la necesidad de liderazgo y de una participación más activa por parte de los países más influyentes en las conversaciones. Los EE.UU. han sido blanco de muchas de las críticas por la falta de movimiento de las negociaciones. Su representante comercial, Ron Kirk, continuó insistiendo en la necesidad de que las economías emergentes ofrezcan un mayor acceso a sus mercados, como condición para cerrar la Ronda. También se mostró escéptico frente a la convocatoria de reuniones de alto nivel que no tengan como sustento avances concretos previos. Si bien señaló que EE.UU. está listo para involucrarse en el “juego final”, destacó que la sustancia debe dirigir el proceso y no hay sustitutos para “el trabajo intenso de las negociaciones en todos los formatos”. Por su parte, los países en desarrollo se mostraron muy duros frente a la posición norteamericana. El canciller de Brasil, Celso Amorim, expresó que la contribución en acceso a mercados de los PED será mayor respecto a la realizada por los PD en cualquiera de las anteriores rondas negociadoras, y por lo tanto no es razonable esperar ninguna contribución unilateral adicional de los países emergentes. A este respecto, el ministro de Industria y Comercio de la India, Anand Sharma, manifestó que el mandato negociador no puede ser cambiado para satisfacer aspiraciones mercantilistas. En línea con estos reclamos, el canciller argentino, Jorge Taiana, señaló la importancia de contar con flexibilidades adecuadas para los países en desarrollo, destinadas a impulsar y diversificar la oferta exportadora. Además, dijo que la OMC debe ejercer en plenitud su función de control y supervisión, principalmente en medidas como los paquetes fiscales, de asistencia financeria y las políticas de “compre nacional” adoptadas por los PD en respuesta a la crisis económica. Propuso también centrar la atención sobre las normas que regulan los distintos sectores objeto de comercio, en particular, y con respecto a la agricultura, expresó que se debe propender a la armonización en base a los estándares de los organismos internacionales relevantes, evitando que las medidas nacionales se conviertan en barreras comerciales. Con la intención de limar estas diferencias entre EE.UU. y naciones emergentes como Brasil, India y China, países del denominado “Grupo del Medio” (incluye entre otros a México, Chile, Uruguay, Suiza, Singapur, Nueva Zelanda y Hong Kong) se comprometieron a mediar entre ambas partes. En los últimos días trascendió que el Grupo enviaría en febrero próximo delegaciones a Washington, Beijing y Nueva Delhi, con el objetivo de convencer a los congresos de esos países de las bondades de los actuales borradores de acuerdo. Por último, sólo dos decisiones concretas fueron tomadas por los Ministros durante la conferencia. La primera se refiere a la extensión hasta la próxima Conferencia Ministerial de la moratoria que impide iniciar procedimientos de solución de diferencias por el daño surgido por presuntas violaciones al espíritu, y no a la letra, de las normas que emanan del Acuerdo de la OMC sobre los Aspectos de Comercio relacionados con los Derechos de Propiedad Intelectual (ADPIC). La segunda decisión consistió en la extensión de la moratoria para la imposición de aranceles al comercio electrónico, como es el caso de las descargas de libros y software por internet.
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