Finalmente, como estaba previsto, líderes de la Unión Europea y el Mercosur confirmaron al culminar la IV Cumbre Biregional, celebrada el pasado 17 de mayo en Madrid, el relanzamiento formal de las negociaciones para arribar a un Tratado de Libre Comercio entre las partes. En el Comunicado Conjunto refrendado entre otros por la presidenta Pro Témpore del Mercosur, la argentina Cristina Fernández, el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso, y el presidente de turno del Consejo de la Unión Europea, el español José Luis Rodríguez Zapatero, se resaltó la importancia de alcanzar un acuerdo ambicioso y equilibrado entre las dos regiones. Los mandatarios se mostraron concientes de que deberán hacerse sustanciales esfuerzos para que la negociación llegue a buen puerto, pero que los mismos verán sus frutos en un tratado que profundizará las relaciones bilaterales y ofrecerá grandes beneficios económicos para ambos bloques. En este sentido, enfatizaron su compromiso con una rápida conclusión de las negociaciones, señalando que una primera ronda de conversaciones se llevará a cabo, a más tardar, a principios de julio. A su vez, se revelaron a favor de la conclusión exitosa de la Ronda Doha, y de abolir el proteccionismo en todas sus formas. Este documento también señala que el acuerdo creará una de las áreas comerciales más grandes del mundo, con más de 700 millones de habitantes, con un alto PBI conjunto, y con cerca de 100.000 millones de euros anuales en intercambios comerciales recíprocos. En su discurso, la presidenta argentina expresó que la negociación debe abordar el concepto de proteccionismo en toda su extensión, incluidos los subsidios a la producción otorgados por Europa a sus agricultores. Esta nueva apertura del proceso negociador entre el Mercosur y la UE se produce luego de meses en que los negociadores de ambos bloques se estuvieron reuniendo e intercambiando posiciones para asegurarse de que las tratativas sean relanzadas sobre bases sólidas. La Comisión Europea (CE) había comunicado su decisión de volver a la mesa de negociación el pasado 4 de mayo. Justificando la medida, la CE señaló que el Mercosur es uno de los mercados más importantes del mundo, con un gran potencial de crecimiento, y un socio comercial de relevancia para la UE, que no tiene firmados aún tratados de comercio con ningún país significativo. En sus estimaciones se sostiene que el posible acuerdo reportaría al bloque europeo cerca de 5 mil millones de euros en beneficios por exportaciones. Para esto, exigirá al Mercosur una total liberalización de una gran parte del comercio de bienes, y concesiones en los mayores sectores industriales. Otras demandas estarán relacionadas con el comercio de servicios, compras públicas, propiedad intelectual, e indicaciones geográficas. En aquella ocasión, Barroso opinó que un resultado exitoso podría generar beneficios en términos de puestos de trabajo y crecimiento en ambos lados. No obstante, remarcó que la Unión compensaría a aquellos sectores que resulten perjudicados por el acuerdo, en especial a la agricultura. En respuesta al documento de la CE el bloque sudamericano reiteró, el 6 de mayo, su voluntad de avanzar en las negociaciones con la UE, para concretar un acuerdo de asociación que aborde apropiadamente las asimetrías de desarrollo entre las dos regiones. Las autoridades del Mercosur expresaron que el tratado resultante deberá ser compatible con los esfuerzos de sus países Miembros a favor de una mayor diversificación de su estructura productiva y el crecimiento del empleo. Específicamente, el Mercosur exigirá que el futuro acuerdo aborde las demandas de acceso de sus productos de interés, en especial los bienes agrícolas y procesados, y preserve suficientemente los espacios de política del Mercosur en otros ámbitos. Los países sudamericanos también resaltaron que la UE es uno de sus mayores socios comerciales y el principal inversor directo en la región. El accionar de la CE generó duras críticas de gran parte de los Miembros que conforman la Unión. Una serie de países comandados por Francia, entre los que se encuentran Irlanda, Grecia, Hungría, Austria, Luxemburgo, Polonia y Finlandia, presentaron un documento ante el Consejo de la Unión Europea, en donde manifiestan que el anuncio realizado es una señal negativa para la agricultura europea. En el mismo lamentan que la CE haya adoptado la decisión de retomar las negociaciones con el Mercosur sin un debate previo, y sin tener en consideración los posibles impactos que podrían provocarse en la economía de Europa, incluido el sector agrícola. Según estos países las conversaciones sólo podrían avanzar si la UE realiza concesiones adicionales en agricultura, lo que sería inaceptable. En este sentido, señalan que la oferta realizada por el bloque en la reunión de julio de 2008 en la OMC constituye un límite absoluto para negociar. Asimismo, recuerdan que el mandato otorgado a la Comisión en el año 1999 establece que las negociaciones entre la UE y el Mercosur no podrían cerrarse bajo ninguna circunstancia antes de que se concluya la Ronda Doha. Por esto piden a la CE que demuestre como se asegurará de que no se le “pague doble” a países como Argentina y Brasil, quienes serían los principales beneficiarios de un acuerdo agrícola a nivel multilateral. A su vez, mostraron su preocupación por el hecho de que sus agricultores competirán en desigualdad de condiciones, debido a que tienen que cumplir con normas y estándares de calidad, salud, medio ambiente y sanidad animal que no se encuentran vigentes en los países del Mercosur. Las principales organizaciones agrícola-ganaderas de Europa se unieron a estos cuestionamientos remarcando que un acuerdo constituye una seria amenaza para la producción de sus países., principalmente de carne bovina, aviar y porcina, maíz, etanol y azúcar. Este comunicado fue debatido en el último Consejo de Agricultura, celebrado el 17 de mayo, mismo día del relanzamiento formal de la negociación. Allí, los ministros de agricultura de la UE pidieron a la CE que realice un detallado estudio que muestre los efectos que causaría un posible pacto comercial con el Mercosur. A pesar de estos cuestionamientos el futuro para la negociación se presenta promisorio. La firme determinación tanto de la Comisión Europea como de los presidentes de los países del Mercosur hace pensar que se invertirán los recursos necesarios para que la negociación avance. Si bien todavía es muy pronto para evaluar los impactos que el posible acuerdo tendría sobre las economías mercosureñas, la negociación es bienvenida dado que podría mejorar el acceso de los productos del Mercosur al mercado europeo, incrementar el flujo de inversiones a la región y contribuir a consolidar la estructura institucional del bloque.
Leer en pdf »
MERCOSUR – UE
previous post

