En el marco del Congreso A Todo Trigo 2026, Maximiliano Moreno, Director del INAI presentó un análisis sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta la cadena triguera argentina en un escenario internacional en plena transformación. Abordó las asimetrías competitivas que condicionan nuestra inserción, las tendencias globales de producción y comercio, y la agenda de políticas necesaria para capitalizar los activos estratégicos del sector.
Una cancha que no está nivelada
El punto de partida del análisis fue reconocer que Argentina compite en condiciones de desventaja estructural respecto de sus principales rivales. A modo de ejemplo se mencionaron dos factores que grafican el problema: el nivel de subsidios al sector y la escasa cobertura de acuerdos comerciales. Mientras Argentina recibe un apoyo negativo del 11,9%, el resto de los países dan subsidios positivos de, en promedio, 9%. Esto significa que hay 20% de diferencia competitiva entre Argentina y los otros productores mundiales. Por otra parte, hasta la firma de los acuerdos comerciales con la UE y EEUU, solo teníamos tratados de libre comercio con países que representan menos del 10% del PIB mundial, contra competidores que llegan a tener acuerdos con un 40-60% del PIB global. A pesar de estas asimetrías, el sector mantiene una fuerte presencia en los mercados internacionales gracias a la resiliencia de su cadena agroindustrial, a su vocación exportadora y a un entorno internacional que favoreció el comercio entre los países sobre la base de la eficiencia. Sin embargo, el contexto global está cambiando bruscamente, lo cual nos obliga a replantear estrategias.
El mapa del mercado triguero al 2034
Las proyecciones muestran un mercado en crecimiento, pero con oferta concentrada y demanda cada vez más diversificada. La producción mundial crecería un 8%, con India, China y la Unión Europea explicando el 60% del total. Las exportaciones aumentarían un 10%, con Rusia, la UE y Canadá concentrando la mitad del flujo. Del lado de la demanda, las importaciones crecerían un 10% y estarían lideradas por África, Medio Oriente y el Sudeste Asiático, regiones que representan una oportunidad concreta para el trigo argentino. Todo esto en un contexto de más subsidios, más aranceles y más barreras no arancelarias.
Fidelizar el comercio: el rol de los acuerdos
En un escenario internacional dominado por la incertidumbre, los acuerdos bilaterales de comercio pueden ser el ancla que brinden estabilidad y previsibilidad. Argentina cuenta con una oportunidad concreta para recuperar terreno. Para ello es indispensable dinamizar la agenda comercial del Mercosur negociando nuevos acuerdos con los principales demandantes de agroalimentos. Esto no solo estabilizará flujos, sino que permitirá mejorar sustancialmente la competitividad internacional de la cadena del trigo, accediendo a mercados externos en las mismas (o mejores) condiciones que otros países.
Los activos estratégicos de Argentina
El análisis cerró con una perspectiva positiva: Argentina dispone de activos únicos que, bien gestionados, pueden convertirse en ventajas competitivas sostenibles. Entre ellos, su condición de zona de paz en un mundo con crecientes tensiones geopolíticas, una oferta de productos agroindustriales altamente valorados por su sanidad, calidad y sostenibilidad, así como una cadena agroindustrial resiliente y una clara vocación de integración internacional. Para poner en valor estos activos, es imprescindible avanzar en una doble agenda de competitividad: a nivel doméstico (con las reformas necesarias para que el sector pueda explotar todo su potencial) y externa (recuperando el protagonismo en las negociaciones comerciales internacionales). El contexto es desafiante, pero los fundamentos del sector son sólidos.

