Los días 19 y 20 de marzo, el presidente estadounidense, Barack Obama, visitó Brasil, en el marco de una gira por Latinoamérica, que también abarcó a Chile (el 21) y luego El Salvador (el 22). La comitiva incluyó al secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner; al secretario de Comercio, Gary Locke; al secretario de Energía, Steven Chu; y al representante de Comercio de Estados Unidos, Ronald Kirk. Asimismo, fue acompañada por más de un centenar de empresarios. Durante la visita, el presidente Obama recorrió Brasilia y Río de Janeiro, al tiempo que se suscribieron acuerdos bilaterales previstos, incluyendo temas tales como la educación, los biocombustibles y el uso del espacio exterior. Debe señalarse que Brasil tenía la esperanza de que en esta oportunidad, el mandatario estadounidense se pronunciara a favor del el interés brasilero por ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, tal pronunciamiento nunca llegó. Rousseff afirmó que se buscan “relaciones comerciales más justas y equilibradas”. Para la presidenta brasileña, “es fundamental que se rompan las barreras que se levantan contra (sus) productos: el etanol, la carne bovina, el algodón, el jugo de naranja y el acero”. Tampoco se alcanzaron acuerdos en estas áreas, principalmente por la resistencia del congreso de EE.UU. a tratar esas cuestiones. Un aspecto en el cual si se arribó a un consenso fue en la creación a la Comisión Bilateral para las Relaciones Económicas y Comerciales. Este organismo tendrá la función de intentar disminuir las trabas para los negocios entre los dos países, además de identificar oportunidades de inversión. La misma estará presidida por representantes de los Ministerios de Relaciones Exteriores, Desarrollo, Industria y Comercio brasileños y el escritorio del representante comercial de EEUU, y se reunirá anualmente. Entre las áreas de comercio e inversiones que tendrán prioridad se encuentran las de: facilitación y liberalización del comercio y de inversiones bilaterales; cooperación para la consecución de objetivos comunes en la OMC; cooperación en el Comité Consultivo Agrícola Brasil-Estados Unidos; medidas sanitarias y fitosanitarias; barreras técnicas al comercio; derechos de propiedad intelectual; asuntos regulatorios que afecten al comercio y las inversiones; tecnología de la información y de comunicaciones y comercio electrónico; desarrollo de capacidades técnicas y comerciales; y comercio de servicios. Brasil es un aliado de importancia estratégica para EE.UU. en la región, si se tiene en cuenta que representa el 40% de todo el PIB de América Latina y el Caribe. Aunque los lazos comerciales se han doblado en la última década, China es hoy día el principal receptor de las exportaciones brasileñas. EE. UU. parece dispuesto a recuperar la iniciativa y está interesado, según ha indicado la Casa Blanca, en desarrollar la colaboración en especial en infraestructuras -a la vista de las inversiones que Brasil tiene previstas para las Olimpiadas y el Mundial de Fútbol- y energía. Sobre esta última cuestión se destaca Brasil posee reservas de petróleo que podrían comenzar a explotarse en el plazo de cinco años y en las que se calculan que existen reservas cercanas a los 80.000 millones de barriles, lo que lo encamina a convertirse en exportador neto. Frente a esto, EE.UU. declaró que quiere ser «un gran cliente de sus fuentes de energía», algo que, a su juicio, «permitirá beneficiarse a los dos países». Por el lado de Chile, Obama se reunió con el primer mandatario, Sebastián Piñera para tratar de cuestiones económicas y, sobre todo, la cooperación en el ámbito de la energía nuclear. De allí se siguió con la firma de cuatro acuerdos de cooperación en materia nuclear, perfeccionamiento de la enseñanza del idioma inglés, fortalecimiento de la capacidad de Chile y Estados Unidos en la gestión de desastres y catástrofes, y quizás el más importante, un acuerdo dirigido al mejoramiento de prácticas de exportación, mentoring, misiones comerciales, capacitación al sector privado, investigación de mercados y la participación en eventos de negocios. En la última etapa, el presidente norteamericano se dirigió a El Salvador, donde se reunió con el presidente Mauricio Funes para tratar de asuntos como la inmigración, la creación de oportunidades económicas en ese país centroamericano y la seguridad ciudadana. Allí se esperaba algún acuerdo migratorio para el trato de los salvadoreños que viven en los Estados Unidos. Sin embargo, tan sólo se logró tener un pacto para velar porque los derechos de los migrantes salvadoreños sean respetados.
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EE.UU. – GIRA LATINOAMERICANA
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