Los nuevos desafíos del comercio internacional. El Grupo de Reflexión sobre el Futuro del Comercio convocado por el director general de la OMC, Pascal Lamy, publicó el pasado 24 de abril su informe titulado “El Futuro del Comercio: Los Retos de la Convergencia”. Este grupo de 12 expertos provenientes del sector empresarial y la sociedad civil se estableció en abril de 2012, para analizar los desafíos que enfrenta el sistema multilateral de comercio en el siglo XXI, ante las profundas transformaciones que vive la economía mundial y el estancamiento de la Ronda Doha. En el documento se destaca que el comercio internacional ha contribuido enormemente al desarrollo. Pero se advierte que este es un medio y no un fin. Para los expertos, hay que superar los problemas del desempleo y la desigualdad, pero culpar al comercio de aquello que no es responsable, o recurrir a políticas comerciales para resolver cuestiones que se resolverían mejor con otras políticas no es la solución. Los gobiernos deben responder a estos retos sin poner en peligro las ventajas de la especialización y la cooperación internacional. La economía mundial ha experimentado cambios importantes, que traen consigo nuevas oportunidades y desafíos. El grupo resalta la intensificación de la interdependencia de las naciones; y el desplazamiento del centro de gravedad económico y político hacia Asia y otras economías emergentes. Se muestra que las economías en desarrollo representan en la actualidad alrededor de la mitad del PBI mundial, y son cada vez más importantes como destino y fuente de IED. El comercio entre estos países pasó de representar el 8% de los flujos mundiales en 1990 al 24% en 2011. Si bien se subraya que la globalización ha contribuido a un mundo más rico, se reconoce que la mejor distribución de las oportunidades, el crecimiento inclusivo y la sostenibilidad ambiental siguen siendo retos fundamentales. También se enfatiza la contribución de los servicios. Si se tienen en cuenta las nuevas estadísticas elaboradas por la OCDE y la OMC, en función del valor agregado estos representaron en 2009 casi la mitad del comercio mundial, frente a menos de la cuarta parte si se lo mide en base a las corrientes brutas. Resulta interesante destacar que con estas nuevas mediciones el comercio de productos primarios representa el 18% de los intercambios globales (antes el 12%) y las manufacturas el 37% (antes el 65%). Otro aspecto que se considera es el auge de las cadenas de valor internacionales. Los expertos notan la relación orgánica entre las importaciones y las exportaciones, que se refleja en la creciente participación de los productos intermedios en el comercio (actualmente 50-60%) y en el contenido de elementos importados en las exportaciones (alrededor del 40% en la actualidad). Las cadenas de valor permiten a los países incorporarse en los procesos de producción internacionales sin tener que dominar líneas enteras de producción. Esta visión del comercio pone de relevancia que ya no se debe atribuir el origen del contenido tecnológico del comercio al último productor de la cadena de suministro. Se destaca, además, la complementariedad fundamental entre comercio e inversión. El trabajo concluye que al estar los mercados nacionales e internacionales profundamente integrados, tratarlos por separado se traducirá, muy posiblemente, en oportunidades perdidas. En este sentido, agrega que “si un país restringe las importaciones puede limitar también sus propias exportaciones en fases posteriores de la cadena”. Para participar con éxito en estas cadenas son cruciales una infraestructura adecuada, el diseño de las políticas, la previsibilidad y la buena administración. Respecto del avance de los acuerdos regionales de comercio, aunque se menciona el aumento de oportunidades comerciales, se alarma sobre el desafío que este proceso significa para el principio de no discriminación consagrado en el sistema multilateral. Particularmente, se manifiesta que la intención de EE.UU. y la UE de iniciar la negociación de un acuerdo comercial preferencial podría llevar al “preferencialismo” más lejos que nunca, planteando interrogantes acerca de la función y la pertinencia de la OMC. Señalan que es preferible un sistema multilateral de comercio no discriminatorio inclusivo y dinámico a un conjunto fragmentado de acuerdos bilaterales que se superponen. Por otro lado, el Grupo resalta que con la reducción gradual de la mayoría de los aranceles, las medidas no arancelarias tienen cada vez más influencia. Dado que estas últimas responden a diferentes objetivos de política pública (salud, seguridad, medio ambiente), se expresa que no puede considerarse como meta su reducción o eliminación. El reto es conseguir, entonces, que las mismas no mermen innecesariamente los beneficios del comercio. No obstante, también se denuncia la existencia de crestas y escalonamiento arancelario, principalmente en productos agrícolas, que reducen las oportunidades que poseen países como Argentina para avanzar en las cadenas globales de valor. Frente a esta nueva configuración del comercio mundial, y partiendo de la convicción de que el mundo sería peor sin el sistema, el informe realiza una serie de recomendaciones para que la OMC propicie un sistema multilateral de comercio abierto, vigoroso y pertinente en el futuro. Las recomendaciones están divididas en cuatro grupos. En el primero se encuentran las referidas a los principios del sistema multilateral de comercio: analizar las formas en que los acuerdos preferenciales pueden converger con el sistema multilateral; encontrar formas de lograr la convergencia entre los objetivos de apertura del comercio y las demás políticas públicas; gestionar la reciprocidad y la flexibilidad a los compromisos en base a las diferentes realidades de los Miembros; y mejorar el cumplimiento de las obligaciones de transparencia. Sobre este último punto, señalan que “las políticas no deben ser secretas y tampoco deben serlo los procedimientos para su aplicación”. En el segundo grupo se tratan las cuestiones vinculadas al procedimiento en la OMC. Se recomienda: mantener el sistema de adopción de decisiones por consenso; permitir que la Secretaría presente propuestas propias para acelerar los procesos y facilitar el consenso; respetar y mejorar los procedimientos de notificación; propiciar una Secretaría más fuerte, con una mayor capacidad de investigación; y fomentar la relación de la OMC con el público en general. En el tercero, en relación con las disposiciones actuales de la OMC, se sugiere: gestionar las tensiones entre las subvenciones “buenas” y sus posibles efectos negativos; eliminar las crestas y la progresividad arancelaria; concluir el acuerdo de facilitación del comercio; revitalizar el programa de trabajo sobre comercio electrónico; y entablar negociaciones sobre restricciones a la exportación. Esta última cuestión debe seguirse de cerca, dado que Argentina es uno de los mayores usuarios de este tipo de medidas. Finalmente, se plantean recomendaciones sobre temas que la OMC debe considerar, aunque no necesariamente negociar, por no ser de su incumbencia directa, a saber: establecer un marco internacional de política de competencia favorable al comercio; promover normas multilaterales de inversión; mantener la cooperación entre el FMI y la OMC sobre tipos de cambio y comercio; vigilar la situación de la financiación del comercio; fomentar la convergencia de las normas laborales; buscar la compatibilidad de los regímenes internacionales sobre cambio climático y comercio; afianzar la ayuda para el comercio; y establecer un foro para buscar una mayor coherencia en las normas económicas internacionales. Sobre la Ronda Doha, los expertos señalan que concluirla es un imperativo político. Manifiestan que hay un compromiso colectivo que debe cumplirse, independientemente de la forma en que se haga. De ello depende el futuro de iniciativas de cooperación beneficiosas y la salud del sistema multilateral de comercio. En conclusión, el Grupo de Reflexión considera que los gobiernos se enfrentan al reto de lograr cuatro tipos de convergencia: a) convergencia entre sus regímenes comerciales; b) convergencia entre los regímenes comerciales no multilaterales y el sistema multilateral; c) convergencia entre las políticas comerciales y las demás políticas internas; y d) convergencia entre las normas comerciales y las medidas no arancelarias de política pública en otros ámbitos de la cooperación internacional.
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