Las próximas elecciones presidenciales en Brasil y Uruguay han reavivado los debates respecto del futuro del Mercosur. Haciéndose eco de los reclamos de las principales cámaras empresarias, los diferentes candidatos manifiestan una visión crítica respecto del funcionamiento del bloque regional, y señalan la importancia de fortalecer la inserción de sus países en el nuevo mapa del comercio internacional.
En Brasil, la nueva candidata del Partido Socialista, Marina Silva, señaló que, de ganar las elecciones, abogará por una flexibilización en las reglas del Mercosur para poder realizar acuerdos bilaterales con otros países, en caso de que el resto de los socios del bloque esté en desacuerdo. “Tenemos el principio de la integración pero esto no nos impide que podamos encontrar medios para tener celeridad para acuerdos comerciales”, comentó. Según medios brasileños, tras la muerte de su antiguo compañero de fórmula, Eduardo Campos, la figura de Silva se acrecentó rápidamente, hasta el punto que muchos encuestadores la señalan como ganadora en una hipotética segunda vuelta contra la actual presidenta Dilma Rousseff. Sus chances se ven incrementadas por el hecho de que Brasil entró en recesión, después de dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo.
En su programa de gobierno, la candidata socialista enfatiza la apuesta por la apertura comercial, lo que podría significar un cambio en la política exterior del vecino país. Propone un acercamiento del Mercosur a la Alianza del Pacífico, Estados Unidos y la Unión Europea.
Respecto de esta última, afirmó que las dificultades de Argentina en la negociación de libre comercio con la UE no deberían impedir que Brasil avance con un pacto bilateral. “Es una cuestión de defender los intereses del país sin perjudicar al resto», manifestó. Defendió, en ese sentido, la llamada “negociación a dos velocidades”, que según su programa de gobierno no afecta al Tratado de Asunción de 1991, pacto fundacional del Mercosur.
El tenor de los debates presidenciales en Brasil enciende la alarma en el resto de los Miembros del bloque, especialmente Argentina. No obstante, el “giro” en la posición brasileña viene gestándose hace tiempo y es, en parte, independiente del resultado de las próximas elecciones. Presionado por un sector industrial más competitivo, que ha dejado atrás su antigua posición proteccionista y pide por acuerdos comerciales con los países más importantes del globo; el Gobierno de Dilma ha dado señales hacia una mayor dinamización de la estancada agenda de relacionamiento externo del Mercosur. En estos esfuerzos se enmarcan las propuestas para acelerar los cronogramas de desgravación y profundizar los tratados ya existentes con los Miembros de la Alianza del Pacífico, en respuesta a la iniciativa chilena de “convergencia en la diversidad” (Ver Boletín Nº 139).
A esto se suma la pérdida de importancia relativa del Mercosur y Argentina como origen y destino del comercio exterior de Brasil, acelerada por el efecto de las trabas al comercio intra-zona que han derivado en innumerables conflictos comerciales entre los socios. De acuerdo a datos de Trademap, después de un pico en 2007 la participación de Mercosur en el comercio de Brasil descendió, y el bloque apenas explicó en 2013 el 12% de sus exportaciones y el 8,5% de sus importaciones totales. Más de dos terceras partes de estos flujos tienen como contraparte a Argentina. Precisamente, en los primeros siete meses de 2014 el comercio entre Argentina y Brasil ha sufrido una caída significativa (-21%), acentuando estas tendencias. El lugar que deja Mercosur es ocupado por otros países, con los cuales Brasil se encuentra incrementando sus vínculos políticos y comerciales, como los agrupados en el Grupo BRICS.
Del lado uruguayo, todos los presidenciables prometieron negociar acuerdos comerciales con los principales mercados del mundo. Los opositores Luis Lacalle Pou, Pedro Bordaberry y Pablo Mieres, pero también el oficialista Tabaré Vázquez, reclamaron un Mercosur más abierto. Si bien Vázquez estimó que no se puede salir del Mercosur, pidió cambios en la norma del bloque que impide a sus Miembros negociar en forma individual tratados de comercio con terceros países. Más duros y críticos con la política comercial argentina, los demás candidatos expresaron que si no se logra flexibilizar el Mercosur, Uruguay debe abandonar el bloque y buscar el ingreso a otras iniciativas más dinámicas, como la Alianza del Pacífico y el Acuerdo Transpacífico (TPP), y cerrar un pacto con Estados Unidos. Todos coincidieron en que Uruguay debe superar el cerrojo en el que se encuentra, y aprovechar las oportunidades que se presentan en el actual mundo comercial.
Por lo pronto, el Mercosur ha iniciado una presidencia argentina que no promete demasiados cambios en el funcionamiento del bloque. Todavía no se ha fijado fecha para una reunión que explore una posible convergencia entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, y el tantas veces postergado intercambio de listas de ofertas arancelarias con la UE no parece probable en el corto plazo, al menos hasta que asuman las nuevas autoridades de la Comisión Europea. Los cambios deben ser profundos si no se quiere condenar al bloque al ostracismo. Clarificar y evaluar la posibilidad de coordinación en las estrategias de inserción internacional de los países Miembro puede ser un buen comienzo, para definir la acción conjunta y adaptar las reglas del bloque a los desafíos actuales.

