En su último Informe sobre el Comercio Mundial 2014la OMC analiza la forma en que cuatro importantes tendencias económicas recientes han cambiado la manera en que los países en desarrollo pueden utilizar el comercio para impulsar su crecimiento. Esas son: el auge de las economías en desarrollo, la integración creciente de la producción mundial a través de las cadenas globales de valor, el incremento de los precios de los productos básicos y la importancia de sus exportaciones, y el alcance cada vez más global de las crisis económicas.
Durante la presentación del informe, el director general de la OMC, Roberto Azevêdo, indicó que “impulsadas en gran medida por el comercio, algunas economías en desarrollo han realizado avances significativos en los últimos años, aunque queda mucho por hacer para acortar distancias en el caso de numerosas economías pobres”.
En el documento se destaca que el nivel de ingresos de los países en desarrollo ha registrado un movimiento de convergencia con el de los países ricos. Desde 2000, el PIB per cápita ha aumentado un 4,7% anual en los países en desarrollo. Por su parte, los países desarrollados sólo crecieron un 0,9%. En consecuencia, los países en desarrollo representan ahora más de la mitad de la producción mundial (en términos de paridad del poder adquisitivo). Este aumento del PIB per cápita ayuda a alcanzar otros objetivos sociales, como la reducción de la pobreza y la protección del medio ambiente.
El incremento del comercio ha sustentado estas ganancias de ingresos. La participación de los países en desarrollo en el comercio mundial ha aumentado del 33 al 48% desde principios de siglo. En el decenio del 2000, la mayor demanda de productos básicos dio por resultado la subida de los precios y, en consecuencia, el aumento de los ingresos en los países en desarrollo exportadores de recursos naturales.
Por otro lado, en el trabajo se hace hincapié en la participación cada vez mayor de los países en desarrollo en las redes internacionales de producción, en particular a través de las exportaciones de servicios. Más de la mitad de las exportaciones mundiales guardan ahora relación con las cadenas de valor globales. Las vinculaciones sur-sur en estas cadenas son cada vez más importantes, y la porción del comercio entre países en desarrollo basado en esas cadenas se ha cuadruplicado en los 25 últimos años.
De acuerdo con la OMC, las cadenas globales de valor constituyen una oportunidad para integrarse en la economía mundial con un costo menor. La participación en estas cadenas puede propiciar el aumento de la productividad mediante transferencias de tecnología y conocimientos. Los países con mayor vinculación en esas cadenas han logrado tasas de crecimiento más elevadas. Sin embargo, los beneficios de la participación en las cadenas de valor mundiales no son automáticos. Muchos países en desarrollo se incorporan llevando a cabo tareas poco especializadas en las que el valor añadido es escaso, y lograr el paso a tareas de mayor valor puede ser difícil.
Los países con un entorno empresarial favorable y aranceles bajos participan en mayor medida en las cadenas de valor mundiales. Además, estas favorecen la concertación de acuerdos de “integración profunda”: más del 40% de los acuerdos de libre comercio en vigor contienen disposiciones sobre política de competencia, inversiones, normas y derechos de propiedad intelectual.
En relación a la agricultura, se resalta que en los últimos decenios hemos asistido a un incremento del comercio agrícola que ha favorecido el crecimiento y la reducción de la pobreza. Aunque los precios han vuelto a bajar de sus máximos históricos, para la OMC la fuerte demanda de los grandes países en desarrollo es una razón sólida para creer que es probable que se mantengan elevados.
El valor de las exportaciones de productos agrícolas casi se triplicó entre 2000 y 2012. No obstante, la composición de este comercio ha cambiado, con los productos agrícolas elaborados explicando el 60% de los intercambios. La estructura del comercio también se ha modificado: el comercio entre países en desarrollo y la participación de Asia y África han aumentado considerablemente. Las normas sobre inocuidad y calidad de los alimentos se extienden con rapidez, al igual que las cadenas globales de suministros.
Los desafíos y las oportunidades derivados de la naturaleza cambiante del comercio agrícola y los precios altos y su inestabilidad varían de forma significativa entre los distintos países. En muchos el sector agrícola es importante para el empleo, la producción y el consumo, lo que sugiere que la agricultura desempeña un papel importante en sus estrategias de desarrollo. Sin embargo, los precios altos plantean desafíos para los importadores netos de esos productos.
Desde el año 2000 los países en desarrollo han aumentado su participación en las exportaciones agrícolas mundiales del 27% al 36%; pero sus productos siguen tropezando con los obstáculos tradicionales al acceso a los mercados, tales como aranceles y subvenciones, y las medidas no arancelarias cobran cada vez más importancia.
Sobre la mayor interdependencia de la economía global, en el documento se aprecia que el hundimiento del comercio en 2008-2009 y su rápida recuperación posterior revelaron la dependencia de las economías en desarrollo de los procesos cíclicos originados en las grandes economías desarrolladas. No obstante, a pesar de haber sufrido la mayor recesión económica desde 1930, el mundo no ha presenciado una repetición del proteccionismo a gran escala. Entre otras explicaciones figuran la existencia de un conjunto de normas comerciales multilaterales, la eficacia de las medidas de vigilancia de la OMC, la previsión por los países de los efectos contraproducentes del proteccionismo en el marco de su participación en las cadenas de valor mundiales, y la respuesta macroeconómica a la crisis, coordinada a nivel internacional.
Por último, se subraya que la OMC ha favorecido a los progresos realizados por numerosos países en desarrollo al permitirles sacar provecho de las cuatro tendencias descritas en el informe, adaptarse a ellas y mitigar los riesgos que conllevan. Ese resultado se ha logrado a través de los compromisos vinculantes, las flexibilidades, la asistencia técnica y la infraestructura institucional de la OMC. También se manifestó la necesidad de continuar con la labor de actualización de normas, disciplinas y flexibilidades, y se hizo un llamamiento a la conclusión del Programa de Doha, para que todos los países puedan aprovechar los beneficios del comercio.

