Mientras las voluntades políticas de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay se han alineado en pos de la negociación con la Unión Europea (Ver en este Boletín Macri viajó a Europa),e incluso se han planteado la posibilidad de avanzar en acuerdos comerciales con diversos países, el Mercosur aún debe resolver algunas cuestiones internas.
Por el lado de Brasil, el pasado mes de abril una comisión especial de la Cámara de Diputados le dio inicio al proceso de juicio político por considerar que hay indicios de que la presidenta Dilma Rousseff manipuló datos de las cuentas públicas. Esto llevó a que el Senado suspenda formalmente a la presidenta con el propósito de someterla a un juicio político. Y como consecuencia, la presidencia ha pasado interinamente a manos del vicepresidente Michel Temer, quien debería completar el mandato hasta el 1° de enero de 2019 si Dilma resulta destituida.
Y también está la cuestión de Venezuela, quien no forma parte de la negociación con la UE, pero que debería asumir la presidencia pro tempore del bloque en el segundo semestre del año. Entre los más reticentes a entregar la Presidencia a Venezuela se encuentran Paraguay y Brasil. Se alega que la crisis económica, política e institucional hace de Venezuela un Estado inestable.
Mientras tanto, Brasil ha pedido a sus socios que posterguen la decisión de pasar la presidencia rotatoria a Venezuela este mes, con el argumento de que no ha cumplido con los requisitos para ser un miembro pleno. Incluso el ministro de Relaciones Exteriores del gobierno interino y potencial candidato por la presidencia de Brasil en 2018, Jose Serra, ha ido más allá, al señalar que Brasil cometió un error al respaldar la entrada de la Venezuela al Mercosur en 2012. También agregó que el bloque podría incluso considerar suspender a Venezuela del grupo en el futuro, manifestando su preocupación por los derechos humanos en el país y el deterioro del ambiente político y económico.
Por el lado de Uruguay, país que ostenta actualmente la presidencia pro tempore del bloque, se ha convocó a una reunión del Consejo del Mercado Común del Sur para el 30 de julio, a fin de resolver esta cuestión, pero fue rechazada por Paraguay y Brasil, por lo que no se realizó. Ante esto, Uruguay entregó una nota a sus socios del Mercosur con su informe sobre las gestiones realizadas durante los seis meses de su Presidencia pro tempore. También indicó que debía respetarse el orden establecido y pasar el cargo a Venezuela.
Desde Argentina no han surgido declaraciones oficiales. Sin embargo, algunas fuentes han declarado que se plegaría a la postura de Brasil Y Paraguay, es decir, rechazar la toma de posesión de Venezuela.
Para que Venezuela no asuma, debería rechazar asumir este rol o estar suspendida del bloque. La primera opción ya puede ser descartada, dado que Venezuela emitió un comunicado señalando que a partir del día 29 de julio se hacía cargo de la presidencia.
La segunda opción es mucho más complicada. Si bien jurídicamente hablando correspondería pasarle la presidencia del Mercosur a Venezuela, tal como lo establece el Protocolo de Ouro Preto, existen interpretaciones sobre el Protocolo de Ushuaia II que complejizan el panorama. De acuerdo a este último, en su artículo primero se señala que se sancionará “en caso de ruptura o amenaza de ruptura del orden democrático, de una violación del orden constitucional o de cualquier situación que ponga en riesgo el legítimo ejercicio del poder y la vigencia de los valores y principios democráticos”. De aplicarse la denominada Clausula Democrática, no solo se evitaría la presidencia, sino que también se suspendería a Venezuela del ejercicio de sus derechos en el bloque, de manera similar a lo ocurrido con Paraguay en 2012 (Ver Boletín Nº112).
Todo esto coloca al Mercosur en una situación de incertidumbre muy delicada, en momentos donde la integración regional debería fortalecerse para mostrar al mundo una imagen de unidad, que le permita encarar los procesos negociadores de la mejor manera.

