Los jefes de Estado y de Gobierno de los países pertenecientes al denominado “G-20 financiero” volvieron a reunirse, esta vez en la ciudad de Pittsburgh, EE.UU., los días 24 y 25 de septiembre, con el objetivo de consolidar una estrategia conjunta que permita lograr una pronta recomposición del orden económico internacional. Uno de los resultados más trascendentes del encuentro fue la decisión de constituir al G-20 como órgano de coordinación de los asuntos económicos internacionales, suplantando al G-8, grupo conformado únicamente por las principales economías del globo. Esto refuerza la institucionalidad del G-20, y significa un triunfo para los países en desarrollo quienes adquieren, de esta manera, representación en el tratamiento de los temas relevantes de la agenda económica mundial. Al finalizar la reunión, los mandatarios refrendaron una declaración en donde, si bien valoran los esfuerzos realizados y celebran los logros obtenidos hasta el momento, caracterizaron a la situación actual como de una “transición crítica de la crisis a la recuperación”. En este sentido, se señala que el proceso de reparación de la economía mundial sigue siendo incompleto, debido a que el desempleo continúa siendo inaceptablemente alto y no están dadas las condiciones para una recuperación de la demanda privada. Por este motivo, los representantes de los países más influyentes del mundo se comprometen, nuevamente, a impulsar reformas que permitan sentar las bases para un “crecimiento vigoroso, sostenido y equilibrado para el siglo XXI”. No obstante, al igual que lo acontecido en las reuniones anteriores, la declaración final está repleta de grandes principios y metas ambiciosas. Pese a las expectativas, la cita se cerró sin medidas concretas, y las principales reformas previstas en el sistema financiero internacional fueron programadas para los próximos tres años. Según analistas, los signos de recuperación que muestra la economía mundial parecen haber traído optimismo y tranquilidad, quitando urgencia a la implementación de estos cambios. Los temas mas controvertidos de la cumbre fueron los referidos a la regulación del sistema financiero. Con la intención de evitar los excesos que llevaron a la crisis, los países se comprometieron a desarrollar esfuerzos para incrementar los niveles de capital de las entidades financieras, implementar exigentes estándares internacionales de remuneración a los ejecutivos de estas entidades, mejorar los mercados de derivados no oficiales y crear herramientas de gestión para responsabilizar a las grandes instituciones financieras de los riesgos en los que incurren, entre otras medidas. A su vez, en lo referido a las reformas para democratizar los organismos multilaterales de crédito, los miembros del G-20 reafirmaron el compromiso de aumentar la participación de los países en desarrollo en el FMI, transfiriéndoles como mínimo el 5% de las cuotas actuales. Respecto a los programas de estímulos fiscales y monetarios adoptados por la mayoría de los países, los mandatarios decidieron continuarlos hasta que la recuperación se haya afianzado. Señalaron que una retirada prematura de estos apoyos extraordinarios a la economía puede ser perjudicial, aunque se comprometieron a preparar estrategias coordinadas de salida, “cuando sea el momento adecuado”. En lo que se reconoce como una victoria de la Administración Obama, los miembros del G-20 pusieron en marcha un “marco de crecimiento sólido, sostenible y equilibrado”, en donde las políticas económicas nacionales deben ser consistentes con una trayectoria de crecimiento mundial. El FMI sería el encargado de analizar las políticas nacionales para evitar desequilibrios que afecten el crecimiento sostenido y equilibrado a nivel mundial. Este punto habría sido incluido ya que, según expertos, parte del recrudecimiento de la crisis se debió al superávit chino y las grandes reservas de dólares americanos que tienen en su poder. Por otro lado, en el capítulo energético, los países decidieron racionalizar y eliminar los subsidios a los combustibles fósiles en el mediano plazo, estimular la inversión en energías limpias y renovables, aumentar la eficiencia energética, facilitar la difusión o transferencia tecnológica, y proporcionar apoyo financiero y técnico para proyectos de este tipo. El cambio climático también estuvo presente en la declaración, aunque de manera muy tímida. Los mandatarios solo se limitaron a señalar la necesidad de intensificar los esfuerzos para alcanzar un acuerdo a fin de año en la Cumbre de Copenhague. Por último, bajo el apartado “Una economía global abierta” los líderes del G-20 repiten su compromiso con la liberalización del comercio, y se manifiestan decididos a buscar una conclusión ambiciosa y equilibrada de la Ronda Doha hacia finales de 2010. Particularmente, solicitan a sus ministros de comercio que intensifiquen las conversaciones y se reúnan, a más tardar, a principios del año que viene para hacer un balance de la situación. A su vez, reafirman la promesa realizada en Washington y Londres de abstenerse de aplicar medidas restrictivas para la inversión y el comercio internacional, y de minimizar los impactos negativos en el comercio y la inversión de las acciones de política interna. A su regreso de la cumbre, el canciller argentino, Jorge Taiana, expresó que la consolidación del G-20 como foro principal de discusión para los temas económicos es un éxito de los países en desarrollo. Taiana destacó que “nuestro país fue el que lideró la incorporación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al Grupo”. Celebró también que la declaración final pone un fuerte acento en los efectos de la crisis sobre el empleo. Los representantes del G-20 volverán a reunirse en Canadá en junio de 2010, y en Corea en noviembre del mismo año. A partir de 2011 los encuentros serán anuales, comenzando con una cumbre en Francia. Quedan para el futuro varios interrogantes respecto al rol que ocupará el Grupo en la confección de la agenda económica mundial, la participación real que tendrán dentro de este los países en desarrollo, en particular la Argentina, y la profundidad con la que se llevarán adelante las reformas prometidas, sobre todo en un contexto en donde la economía mundial parece retomar la senda del crecimiento.
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G-20 – MEDIDAS PARA HACER FRENTE A LA CRISIS
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