Cambia, todo cambia. El 17 de octubre, la Comisión Europea (CE) publicó una propuesta para limitar la reconversión mundial de tierras con miras a la producción de biocombustibles e incrementar los beneficios climáticos de los biocombustibles empleados en la UE. La medida busca circunscribir al 5% el uso de biocombustibles fabricados a partir de cultivos alimentarios (por ej biodiesel a base de colza o soja y etanol a base de maíz o caña de azúcar) con el fin de alcanzar el objetivo de 10% de energía renovable fijado por la Directiva sobre las energías renovables. La intención es promover el desarrollo de biocombustibles alternativos (de segunda generación), a partir de materia prima no alimentaria, que a su vez emitan muchos menos gases de efecto invernadero (GEI) que los combustibles fósiles y no interfieran directamente en la producción mundial de alimentos. De esta forma, se tendría en cuenta la incidencia global de la reconversión de tierras (cambio indirecto del uso de la tierra – ILUC) al evaluar las emisiones de GEI de los biocombustibles. La Comisaria de Acción por el Clima Connie Hedegaard, ha declarado que se debe “invertir en biocombustibles que reduzcan realmente las emisiones y no compitan con la producción de alimentos”. Asimismo, señaló que no significaba abandonar los biocombustibles de primera generación, sino que era una señal clara de que el crecimiento futuro de los biocombustibles debe venir de la mano de los biocombustibles avanzados. La UE ha reconocido que no todos los biocombustibles son iguales en cuanto a emisiones de GEI como consecuencia del cambio de uso de la tierra a escala mundial. Señalan que diversos estudios científicos han puesto de manifiesto que, si se tiene en cuenta el cambio indirecto del uso de la tierra, por ejemplo cuando la producción de biocombustible hace que la producción de alimentos o piensos se desplace a tierras que previamente no eran de labor como las superficies forestales, algunos biocombustibles ocasionan tantas emisiones de GEI como los combustibles fósiles a los que sustituyen. La CE propone principalmente: a) incrementar al 60% el umbral mínimo de reducción de las emisiones de GEI de las nuevas instalaciones (frente a un 35/50% de la norma original); b) incluir los factores de cambio indirecto del uso del suelo; c) limitar al nivel de consumo actual (5%) el volumen de biocombustibles y biolíquidos producidos a partir de cultivos alimentarios que puede contabilizarse en el porcentaje del 10% fijado como objetivo de energía renovable para el sector del transporte de la UE de aquí a 2020; y d) arbitrar incentivos de mercado para los biocombustibles que no supongan emisiones por cambio indirecto del uso del suelo o que supongan pocas emisiones de esa naturaleza. Finalmente, se señaló que después de 2020 solo deberían recibir ayuda financiera aquellos biocombustibles que reduzcan notablemente las emisiones de GEI y no se produzcan a partir de cultivos que se utilizan para producir alimentos o piensos. Por su parte, el Comité de Organizaciones Agrarias y Cooperativas Comunitarias (Copa-Cogeca) fue una de las instituciones que mostró su rechazo a la propuesta de la CE. No solo criticó la metodología utilizada para el cálculo del ILUC, sino que también resaltó que la limitación de los biocombustibles procedentes de cultivos alimentarios ponía en riesgo la mejora de la autosuficiencia de la UE en cuanto a las proteínas para la alimentación animal. Esto se debe a que sólo una parte de las oleaginosas, los cereales y las remolachas azucareras utilizadas para producir biocombustibles llega a convertirse en energía. La mayoría se destina al sector de los piensos, y los subproductos ricos en proteínas procedentes de la producción de biocombustibles contribuyen a reducir la gran dependencia de la UE de las importaciones de piensos. Esta propuesta recién inicia el proceso de toma de decisiones de la UE, que incluye numerosas negociaciones en el ámbito del Consejo y del Parlamento. Sin embargo, se trata de una advertencia que debe ser tenida en cuenta por aquellos productores de biocombustibles de primera generación, que apuntan a abastecer al mercado europeo.
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UE – BIOCOMBUSTIBLES
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