Los gobiernos deben fomentar un entorno propicio para la inversión en agricultura. En el reciente informe “El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2012”, la FAO pone de manifiesto que los agricultores son los mayores inversores en agricultura en los países en desarrollo y, por consiguiente, deben ocupar un lugar fundamental en toda estrategia destinada a la mejora de las inversiones en el sector. Se destaca que la inversión en agricultura es fundamental para promover el crecimiento agrícola, reducir la pobreza y el hambre y favorecer la sostenibilidad ambiental. Según el documento, los agricultores de los países de ingresos bajos y medios invierten cada año cuatro veces más en capital físico en sus propias explotaciones de lo que invierten sus gobiernos en el sector agropecuario. Incluso eclipsan las inversiones realizadas por donantes e inversores extranjeros. Argentina, con 54 mil dólares promedio de capital físico agrícola por trabajador en 2007 se encuentra muy por encima del promedio mundial (3.982 dólares), aunque lejos de los valores alcanzados por Nueva Zelanda (304.029), Eslovenia (284.839), Canadá (271.384), Australia (249.361), Estados Unidos (216.799), e incluso Uruguay (132.829). Para la FAO, las decisiones de inversión de los agricultores se ven directamente influenciadas por el clima de inversión en el que operan. Una gobernanza deficiente, la ausencia de un estado de derecho, altos niveles de corrupción, derechos de propiedad poco seguros, normas comerciales arbitrarias, la imposición de mayores cargas fiscales a la agricultura en comparación con otros sectores, la falta de infraestructuras y servicios públicos adecuados en las zonas rurales y el despilfarro de los escasos recursos públicos disponibles incrementan los costos y riesgos asociados con la agricultura y reducen los incentivos para invertir. Los gobiernos deben invertir en la creación de las instituciones y la capacidad humana necesarias para fomentar un entorno propicio para la inversión agrícola. Por último, en el informe se señala que los gobiernos deben velar porque las inversiones a gran escala, incluidas las realizadas por empresas extranjeras e inversores nacionales, sean beneficiosas para la sociedad y ambientalmente sostenibles. También se destaca que los gobiernos y donantes deben canalizar sus limitados fondos públicos hacia el suministro de bienes públicos esenciales con un elevado rendimiento económico y social, como por ejemplo investigación, caminos rurales y educación.
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FAO – ESTADO MUNDIAL DE LA AGRICULTURA Y LA ALIMENTACIÓN
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