Ante la necesidad de aumentar las exportaciones para promover el crecimiento y la creación de empleo, el Gobierno de Estados Unidos coloca la agenda comercial entre sus prioridades. La Administración Obama se esfuerza por convencer a la opinión pública de los beneficios que generarían las iniciativas comerciales bajo negociación, y a los Miembros del Congreso de la importancia de aprobar la Autoridad para la Promoción del Comercio (TPA, por sus siglas en inglés). Funcionarios de distintos países señalaron la posibilidad de que el Acuerdo Transpacífico (TPP) sea finalizado en los próximos meses.
En marzo el representante comercial, Michael Froman, dio a conocer la “Agenda Comercial del Presidente”, que busca crear empleos bien remunerados a través de la apertura de nuevos mercados para los bienes y servicios norteamericanos. Según la Casa Blanca, desde 2009 las ventas externas habrían explicado un tercio del crecimiento de la economía y adherido 1,3 millones de empleos, con salarios hasta un 18% superiores a la media nacional.
Con una agenda agresiva en la concreción de ambiciosos “acuerdos comerciales del Siglo XXI”, EE.UU. busca ganarle a China el liderazgo en la definición de nuevas disciplinas comerciales de alcance global. “Estamos frente a una decisión clave. Podemos liderar y asegurarnos que el sistema de comercio mundial refleje nuestros valores e intereses. O podemos ceder el liderazgo a otros, para los que la protección de los trabajadores, el medio ambiente y los derechos de propiedad intelectual no son una prioridad”, señaló Froman.
En la presentación, se expresó que 2015 será un año histórico, con la conclusión del Acuerdo Transpacífico y el logro de significativos avances en el Transatlántico (TTIP).
Por razones económicas, estratégicas y geopolíticas, el TPP es visto como una herramienta clave en la política exterior de EE.UU. Según la Oficina del Representante Comercial (USTR), este acuerdo permitirá el rebalanceo de EE.UU. hacia Asia Pacífico, poniendo límites a la influencia de China en la región; supondrá la creación de 650 mil nuevos puestos de trabajo; y evitará la pérdida de mercados, devolviendo la iniciativa en el diseño de normas a EE.UU., frente a la proliferación de tratados comerciales entre Japón, China, la UE y los principales socios de la región.
En bienes de origen agropecuario, las mayores ganancias para las exportaciones estadounidenses se esperan en las categorías de productos de mayor valor como carnes, lácteos, frutas, vegetales y otros productos procesados y bebidas, como vinos. Con la eliminación o reducción de las barreras arancelarias y no arancelarias al comercio de alimentos, el TPP le permitiría a EE.UU. consolidar su posición como principal proveedor de mercados de importancia como Canadá y Japón, y sacar provecho de las oportunidades crecientes en otros destinos como Vietnam y Malasia.
El documento señala que para que estas iniciativas lleguen a buen puerto es imprescindible que el Poder Ejecutivo consiga la aprobación de la vía rápida para negociar acuerdos comerciales. La TPA es un procedimiento a través del cual el Congreso define las prioridades y objetivos que los negociadores deben llevar adelante, obligándose luego a aprobar o rechazar el acuerdo obtenido, sin la posibilidad de realizar enmiendas.
Las diferencias entre demócratas y republicanos respecto de la renovación de la TPA vencida en 2007 podrían afectar las negociaciones TPP, dado que algunos Miembros, entre los que se encuentra Japón, no estarían dispuestos a realizar su oferta final hasta que no se les asegure que lo acordado no será luego reformulado por el Congreso.
Precisamente Washington y Tokio han estado negociando intensamente en los últimos meses buscando acercar posiciones. EE.UU. ha manifestado que el logro de un mayor acceso al protegido mercado japonés para sus productos agrícolas es condición para un acuerdo.
Los negociadores estadounidenses creen que este país no esperará mucho más para reformar su economía y abrir su mercado. Si bien Japón históricamente ha excluido a los productos agrícolas de cualquier rebaja arancelaria, el reciente tratado comercial firmado con Australia -que otorga importantes concesiones a la carne bovina proveniente de este origen- es un antecedente en este sentido. Sin el TPP EE.UU. podría perder competitividad frente a sus principales competidores.
Otra señal de que Japón podría disminuir la elevada protección a su agricultura la dio el primer ministro, Shinzo Abe; solicitando a los legisladores la aprobación de un plan de reformas económicas estructurales a sectores claves, entre los que se encuentra el agrícola. La influencia del lobby agrícola japonés es una de las principales trabas a la reducción arancelaria. En su discurso, Abe hizo un llamado a reformar el poderoso sistema de cooperativas agrícolas, para lo que seguramente encontrará resistencia, incluso dentro de su propio partido. Abe también destacó la liberalización comercial, a través de iniciativas como el TPP, como parte central de su plan para promover el crecimiento de la economía.
La posibilidad de que los Miembros del TPP arriben a un acuerdo parece haber aumentado en los últimos meses. La principal negociadora para Agricultura del USTR, Darci Vetter, expresó que se han conseguido progresos significativos, y las negociaciones están entrando en la etapa final. Mientras tanto, los jefes negociadores de los países que integran la iniciativa se reunieron en Hawaii, esperando allanar el camino para una nueva reunión ministerial.

