A pesar de los esfuerzos de las últimas semanas, Miembros de la Organización Mundial del Comercio comenzaron a reconocer serias dificultades para acordar antes del 31 de julio un programa de trabajo sustantivo que permita completar la Ronda de Doha. Esta cuestión enciende la alarma respecto de los resultados que puedan lograrse durante la Reunión Ministerial de diciembre próximo en Nairobi, que algunas delegaciones han fijado como fecha límite para finalizar las negociaciones.
Haciéndose eco de lo expresado, el director general de la OMC, Roberto Azevedo, señaló que existen pocas posibilidades de conseguir un programa detallado para julio, aunque resaltó que el objetivo final continúa siendo el éxito en Nairobi. Allí los países deberán mostrar un progreso real en la implementación de las decisiones de Bali, y lograr un avance definitivo en la conclusión de la Ronda. Azevedo destacó que “pase lo que pase en las próximas semanas, todos los Miembros siguen firmemente resueltos a encontrar, de aquí a diciembre, la convergencia de opiniones.” “Nuestro problema no es el tiempo de que disponemos. Ha llegado la hora de tomar decisiones políticas”, agregó.
De acuerdo con fuentes en Ginebra, la principal causa del estancamiento de las negociaciones es la falta de voluntad política de las principales economías del globo. Las negociaciones multilaterales no parecen estar entre las prioridades comerciales de EE.UU., pero tampoco países como Brasil y China muestran el liderazgo necesario para que las mismas lleguen a buen puerto.
En las conversaciones sobre la agricultura, EE.UU. ha atado las concesiones potenciales sobre acceso a mercados a la “buena voluntad” de China e India para recortar sus programas de subsidios agrícolas.
Intentando superar este enfrentamiento, Australia y Canadá presentaron un documento en donde argumentan que la efectividad de las disciplinas actuales en materia de ayuda interna se erosiona rápidamente debido a que el valor de la producción agropecuaria en los principales países aumenta. Actualmente, los países desarrollados y en desarrollo pueden otorgar subsidios distorsivos bajo la opción de minimis, siempre que el monto sea inferior al 5 y el 10% del valor de su producción, respectivamente (8,5% en el caso de China).
En el último borrador de acuerdo de diciembre de 2008 se establecen reducciones para las diferentes categorías de ayudas, así como un límite y reducción a la ayuda total distorsiva para el comercio (OTDS, conformada por los subsidios otorgados por caja ámbar, azul y de minimis). China, India y la mayoría de los países en desarrollo no están en este borrador sujetos a esta última disciplina.
El documento subraya que los países más importantes tienen un gran espacio entre los límites dados por el actual Acuerdo sobre la Agricultura, e incluso los que surgirían de la Ronda Doha, y los subsidios que otorgan a sus productores agropecuarios. Al estar usando un pequeño porcentaje de lo permitido, los recortes planteados no implicarán reducciones efectivas en las ayudas. Por lo tanto, existe una gran zona de aterrizaje para acercar posiciones y llegar a un acuerdo, dado que cualquiera sea el mismo no exigirá cambios inmediatos en las políticas agropecuarias de los Miembros.
Por otro lado, un grupo de países importadores netos de alimentos (Israel, Japón, Corea del Sur, Suiza y Taiwán) presentó una propuesta para fortalecer las normas sobre restricciones y prohibiciones a las exportaciones. Entre las disposiciones, se busca establecer que los Miembros notifiquen con anticipación a los importadores afectados y fijar como máximo en 12 meses la duración de medidas de este tipo.
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Finalmente, los Miembros se encuentran analizando la posibilidad de realizar cortes menos profundos en los aranceles a la importación de productos agrícolas, como vía para allanar un acuerdo. Incluso países exportadores como Australia manifestaron que accederían a considerar otros enfoques, apartándose de la reducción propuesta en el último borrador de modalidades.
De esta manera, la sensación es que el nivel de ambición de la Ronda podría disminuir, dejando de lado la promesa de reducir considerablemente la protección a la agricultura en pos del desarrollo, a cambio de evitar que la OMC asuma el costo de una negociación fallida.

