El 31 de julio último el Senado norteamericano ratificó finalmente el Tratado de Libre Comercio con Chile. Concluye así el proceso iniciado hace casi diez años con la visita del ex presidente Clinton al país vecino, y su propuesta de incorporarlo al NAFTA. La decisión termina con los temores de que la posición asumida por Chile -en el marco del Consejo de Seguridad de la ONU- con respecto al conflicto con Irak postergaría largamente su ratificación; de hecho, la votación había sido un tanto ajustada en la Cámara de Representantes donde, una semana atrás, poco más de un tercio de los diputados se opuso a su ratificación. Sin embargo, no fueron los republicanos seguidores del presidente Bush quienes se opusieron, sino que fueron en su mayoría congresales demócratas. En tanto, la ratificación chilena comenzará a ser tratada por la Cámara de Diputados el 13 de agosto próximo. El tratado, que entraría en vigor el primero de enero próximo, contempla una drástica reducción de los aranceles tanto para productos industriales como agropecuarios. Los cereales, harinas y oleaginosas (con excepción del maní) chilenos tendrán un arancel de entrada 0; mientras que para los aceites los aranceles serán reducidos escalonadamente, alcanzando su eliminación en plazos de entre 4 y 12 años. Una modificación para los productores transandinos es que de ahora en más aumentarían las exigencias de las reglamentaciones sobre propiedad intelectual, lo que seguramente derivará en un aumento del precio de ciertos insumos.
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CHILE – EE.UU.
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