¿CAMBIO EN EL ESCENARIO DE LAS NEGOCIACIONES INTERNACIONALES? Durante muchas décadas, la Argentina ha enfrentado un escenario de precios reales decrecientes para sus exportaciones de productos agropecuarios, motivado por un mayor crecimiento mundial de la oferta que de la demanda. El impacto de la tecnología sobre la oferta superaba el del crecimiento de los ingresos por habitante, la población y la urbanización sobre la demanda. En este escenario, la estrategia de nuestro país en materia de negociaciones apuntó a reducir el proteccionismo tanto de los países importadores como de los competidores en materia de agricultura. Pero en el último lustro las circunstancias cambiaron. La demanda se expandió más rápido que la oferta y se vislumbra un nuevo escenario. Millones de ciudadanos pobres en China, la India, Vietnam y Bangladesh se vieron beneficiados por el crecimiento económico, originando aumentos de demanda que no lograron ser cubiertos por la oferta. La demanda aumentó también por el impulso mundial dado a los biocombustibles. Las consecuencias para las negociaciones internacionales comienzan a vislumbrarse: los países de la UE están más dispuestos a eliminar los subsidios a las exportaciones, mientras que los Estados Unidos lo están para reducir significativamente los programas de créditos a las exportaciones y los subsidios a la producción. Estos son indicadores de un cambio gradual en el escenario de las negociaciones, aunque todavía existe una resistencia muy fuerte de parte de los países importadores para facilitar el acceso a sus mercados. Pero de seguir prevaleciendo la presión del consumo, el balance de fuerzas se desplazaría desde los países demandantes a los oferentes. Los primeros gradualmente tenderían a dejar sus políticas proteccionistas, facilitando mayores niveles de importación. En este escenario de precios reales en alza, el escenario de las negociaciones internacionales cambiaría porque los países necesitarían complementar en forma creciente sus producciones internas con las importaciones. Pero algo más puede llegar a ocurrir: es bastante posible que de ahora en adelante los países importadores observen con mayor cuidado las limitaciones que ponen los países proveedores. Ya pueden verificarse preocupaciones tanto en el ámbito de las corrientes comerciales como de las que no lo son. Entre las del primer tipo, ha habido ya inquietudes en materia de abastecimiento de carnes y granos. En las del segundo tipo el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, manifestó recientemente en un artículo titulado “El nuevo rostro del hambre” que “muchos gobiernos instrumentaron reducción de exportaciones y controles de precios, lo que distorsiona los mercados y el comercio”. De ahora en adelante los países exportadores tendrían que cuidar mejor la elección de los instrumentos que utilizarán para limitar sus exportaciones. La OMC reconoce que la primera prioridad corresponde a la satisfacción de los objetivos nacionales de seguridad alimentaria, reducción de la pobreza y problemas de balanza de pagos. Sin embargo para lograr estos objetivos hay diversidad de instrumentos que deberán analizarse cuidadosamente, tratando de ejercer el menor daño posible a otros países. La Argentina deberá evitar, conjuntamente con otros países en desarrollo, que los países desarrollados limiten aún más el número de instrumentos de política disponibles como ha ocurrido en el pasado, herramientas que, por otro lado, ellos mismos han utilizado intensamente para progresar. Tal es el caso de los impuestos diferenciales a la exportación que en algunos casos pueden ser eficientemente utilizados para acrecentar el empleo, agregar valor y reducir la pobreza. Sin embargo la utilización de estas herramientas debe ser hecha con cuidado. Muy frecuentemente ha ocurrido en Argentina y otros países, tal como sucedió con los aranceles diferenciales de importación, que la actividad estimulada no respondió consecuentemente sino que terminó perjudicando a otros, reduciendo el crecimiento nacional y aumentando la pobreza. Nuestro país debería basar sus estrategias de desarrollo y negociaciones internacionales en la aplicación mesurada de instrumentos actualmente disponibles para satisfacer sus objetivos nacionales y beneficiar a sectores con potencial de crecimiento sin perjudicar a otros países, muchos de ellos más pobres que nosotros mismos. Esto es posible pero requiere superar los enfrentamientos toscos del pasado para poder aplicar con sutileza instrumentos del presente.
Leer en pdf »

