A pesar de que muchos de los países que formaron parte de la reunión del G-20 en Londres arribaron a la cita con la esperanza de reanudar las paralizadas conversaciones de la Ronda Doha, el documento final solo contempla una vaga reafirmación de compromiso que poco hace por devolver impulso al proceso negociador. De esta manera, a pesar de que se ha intentado reactivar el comercio mundial con una importante inyección de fondos para financiar los créditos para exportaciones, las promesas de acordar un nuevo pacto comercial de Doha y combatir al proteccionismo resultan aún más efímeras que las realizadas en la anterior declaración del G-20. A diferencia del comunicado de noviembre pasado, en el cual se señalaba el año 2009 como fecha de cierre para la Ronda de Doha, esta vez los líderes de los países más importantes del mundo no se comprometieron con un calendario para la culminación de la negociación. Uno de los principales obstáculos en este sentido fue la posición adoptada por los EE.UU., cuyos representantes pidieron más tiempo para revisar su postura en la Ronda. Al respecto, el director general de la OMC, Pascal Lamy ha indicado que Estados Unidos está comprometido para llegar a una conclusión en la Ronda de Doha, aunque destacó que entendía que “necesita[ba] algún tiempo para evaluar qué hay en la mesa. A su vez, Lamy sostuvo que un posible punto de inflexión podría darse en la cumbre de los países ricos del G-8, a la que potencias emergentes como Brasil, China e India han sido invitadas, y que será celebrada en Italia en el mes de julio. Si las delegaciones logran arribar a cierto grado de consenso en alguno de los temas en debate, Lamy expresó que podría convocar a los ministros para sostener conversaciones antes o después del receso por el verano boreal europeo. El objetivo del máximo representante de la OMC es alcanzar un acuerdo sobre las áreas centrales de la agricultura y los bienes industriales antes de que finalice el presente año. Por el momento, continúan desarrollándose en Ginebra un gran número de reuniones técnicas en donde los negociadores pretenden conocer los límites de cada Miembro en las diferentes áreas de la negociación, lo que podría preparar el camino para un impulso final. En este sentido, durante las recientes reuniones del Comité Regular de Agricultura los representantes debatieron sobre las medidas de ayuda interna a la producción agrícola que los países deben notificar regularmente a la OMC. Así, las notificaciones de subsidios estadounidenses, la reciente versión de la “Farm Bill” y la reintroducción de los subsidios a la exportación de la UE fueron los asuntos más controvertidos en la reunión del 12 de marzo. Respecto al primer punto, se cuestionó la decisión de los EE.UU. de notificar a sus pagos directos como de “Caja verde” y a sus pagos contracíclicos como ayuda específica a ciertos productos, contradiciendo las disposiciones del fallo de la OMC en el caso del Algodón. En lo que hace a la nueva ley agrícola estadounidense, diversos países, entre ellos Argentina, expresaron su preocupación respecto a la eventual notificación del programa ACRE, frente a lo que Estados Unidos respondió que era demasiado temprano para determinar cómo debía clasificarse a ese tipo de pagos. Con respecto a la UE, se señaló que la reintroducción de los subsidios a la exportación de lácteos envía una señal negativa que podría ser seguida por otros, derivando en una escalada proteccionista. La UE defendió la legalidad de los nuevos subsidios a la exportación bajo las actuales reglas de la OMC. Otra inquietud estuvo relacionada en torno a la obligación de los Miembros de proveer información referente a sus programas de ayuda agrícola, en seguimiento a la solicitud argentina sobre cómo la UE calcula sus pagos bajo “Caja azul”, los cuales comprenden apoyos que no están relacionados con la producción. Varios países estuvieron en desacuerdo con el argumento de la UE en el sentido de que bajo los compromisos actuales no está obligada a brindar información de esa naturaleza. Por último, se confirmó la partida del actual presidente del grupo de negociación para la agricultura, el embajador de Nueva Zelanda Crawford Falconer, quién volverá a su país para ocupar un alto puesto en el Ministerio de Relaciones Exteriores. El nuevo embajador neocelandés ante la OMC, David Walker, es el principal candidato a sucederlo. Debe recordarse que el mandato de Falconer concluía en diciembre último, pero se había decidido concederle una prórroga del mismo con la esperanza de que pudiera culminar el trabajo de confeccionar las modalidades para la agricultura.
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