La aplicación de licencias entre las dos mayores economías del bloque no hace mas que confirmar que el Mercosur no ha logrado frenar los avances proteccionistas de sus miembros. Como sostiene Feliz Peña, en su trabajo “Grietas estructurales en el Mercosur”, existe un marcado sesgo de precariedad en las normas que cimentan al bloque. Cuestión que se ve reforzada por el hecho de que la interpretación sobre cuáles son las reglas que se cumplen o no queda librada a apreciaciones unilaterales de cada país miembro. A fin de terminar con estas arbitrariedades, que debilitan enormemente al Mercosur, el autor propone una serie de innovaciones en las reglas de juego que permitirían al bloque adaptar sus instrumentos a las nuevas realidades internacionales y de sus países miembros, con el menor costo posible. Las mismas serian: 1. Reglamentar las restricciones compatibles con el funcionamiento adecuado de la Unión Aduanera. No serían entonces «restricciones unilaterales» – como las que se aplican en la actualidad y a las que se refiere el mencionado artículo 1º del Anexo I del Tratado de Asunción -, ya que serían adoptadas en las condiciones establecidas por una normativa común, que podría estar inspirada en la de la OMC en relación a las licencias automáticas y no automáticas. Este punto evitaría conflictos como el que actualmente encuentra enfrentados a Brasil y Argentina. 2. Modificar la Decisión CMC 32/00 previendo la posibilidad de negociaciones comerciales preferenciales bilaterales con terceros países, al menos en los casos de Paraguay y Uruguay, y en las condiciones que establezca la nueva normativa común. Así se respondería al reclamo, principalmente uruguayo, de poder negociar con otros bloques o países por fuera del Mercosur. 3. Establecer un régimen de salvaguardias del Mercosur, que también en condiciones especiales permita retirar temporalmente productos del libre comercio irrestricto. Ni en la actual estructura jurídica del Mercosur ni en la de la OMC (artículo XXIV del GATT-1994) existirían impedimentos sólidos a tal régimen. Se estaría legitimando y reglamentando un sistema que en la practica ya existe. Por otro lado, los días 7 y 8 de diciembre se llevara adelante la Cumbre del Mercosur en Montevideo, ocasión en la cual presidenta Cristina Fernández de Kirchner asumirá la Presidencia Pro Témpore del bloque. En tal cita se planea abordar diversos temas, entre los que se encuentra el doble arancel externo común (AEC), las relaciones del bloque con la Unión Europea (UE) y la búsqueda de avanzar en la eliminación de trabas comerciales, en particular las que aplica Argentina. Por su parte, la Cámara de Industrias del Uruguay presentó a su gobierno un extenso documento con reclamos sectoriales, que incluyeron la propuesta de una negociación extra-Mercosur. El embajador de Uruguay en EE.UU., Carlos Gianelli, adhirió a esta postura señalando que, mientras no se logre establecer una unión aduanera perfecta en el Mercosur, Uruguay «debería recuperar su capacidad autónoma para buscar entendimientos bilaterales». Si bien se descarta un alejamiento del Mercosur, por la importancia del mismo para las exportaciones uruguayas, se indicó que Uruguay «debe negociar flexibilidades que le permitan el cierre de acuerdos comerciales bilaterales de alcance profundo con países de extrazona». Finalmente, el candidato a la Presidencia de Uruguay por el Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle, se declaró en contra de que su país profundice la vinculación política con Mercosur, señalando que en caso de resultar elegido presidente, su gobierno no hará nada para que se celebren elecciones al Parlasur (órgano legislativo del Mercosur) puesto que atentaría contra la Constitución uruguaya, y deseó a esa institución «la muerte cuanto antes mejor».
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