En una reciente nota los autores Barral, Amaral y Prates remarcaron que la falta de empeño brasilero en formar nuevas alianzas comerciales es un tema recurrente en debates, artículos y estudios académicos. Agregaron que la no apertura con miras a nuevos acuerdos o con objetivos de inserción cualitativa en las Cadenas Globales de Valor “mantendrá a Brasil como espectador en el escenario multilateral”. Un perfil más agresivo en las negociaciones internacionales (incluyendo también acuerdos sanitarios, de inversión y de tributarios), permitiría que el país evitase perder oportunidades de inversión, aprendizaje y crecimiento, profundizaron.
Ciertamente en Brasil no faltan voces que alienten al avance de las negociaciones tanto de acuerdos extra regionales (Ver Boletín 142) como regionales (Ver, por ejemplo, el reciente interés en profundizar la relación comercial con México, “Ubicándose en el nuevo escenario” en este boletín). Sin embargo, las discusiones suelen enfocarse más en cómo Brasil puede saltear los escollos provocados por la falta de interés en negociar de su mayor socio del Mercosur, en lugar de la resolución de los numerosos conflictos de estrategia comercial entre ambos y la búsqueda de caminos comunes. La segunda opción sería más afín al comportamiento de un líder.
De acuerdo con algunas visiones, Brasil encuentra para ejercer su liderazgo una oportunidad única, y no solamente en temas comerciales. El Director en Brasil del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, Daniel Balaban, opinó que dado que el año 2015 estará marcado por la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) (Ver Boletín 117), es necesario que el país “considere el importante papel que desempeña en el ordenamiento global”. Para Balaban, los ODS constituyen una oportunidad sin par para que Brasil influya en la agenda global de desarrollo. Sin embargo, remarcó que Brasil enfrenta grandes desafíos internos en las áreas económica e institucional, que podrían relegar la definición de temas estratégicos, como “una política exterior determinante”, en favor de la resolución de cuestiones más inmediatas.
En otro plano, el académico Oliver Stuenkel de la Fundación Gétulio Vargas, según publicó La Nación, opina que la pertenencia de Brasil a los BRICS le proporciona un canal directo hacia determinados países que están “destinados a jugar un rol clave en los asuntos globales en las décadas que vienen”. Ello se materializa no sólo a través de las cumbres anuales de sus líderes. También implica innumerables encuentros a nivel de ministerios y reuniones no gubernamentales en las áreas de agricultura, salud pública, seguridad nacional, educación, estadísticas y gestión urbana. Y agrega que ser miembro de los BRICS virtualmente no tiene costo, ni siquiera “afectará negativamente los lazos que tiene este país con los Estados Unidos o cualquier otro actor internacional.” Sin embargo, Stuenkel encuentra que las ambiciones brasileñas de liderazgo regional son resistidas, aunque lleva parte de la responsabilidad: la falta de una estrategia regional clara y claramente comunicada en Brasil se contradice con sus ambiciones globales.
Concluye que, a pesar de los problemas económicos actuales, Brasil tiene potencial para jugar un rol más relevante.
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