El reciente incremento de participación de etanol en las naftas, del 10 al 12%, anunciado por el presidente Mauricio Macri, ha dejado una larga lista de beneficiados (productores de etanol de caña), discriminados (etanol a base de maíz), con dudas (estaciones de servicios) y en oposición (automotrices).
Los principales beneficiarios de la medida han sido la cadena de producción de azúcar. Este aumento llevará a un incremento de más de 160 millones de litros anuales en la elaboración de alcohol de caña, que reemplazarán a unas 300.000 toneladas de azúcar, lo que permitirá equilibrar el mercado interno. De acuerdo a Fernando Nebbia, presidente del Centro Azucarero Argentino (CAA), esto se adicionará a la producción actual, que ronda los 343 millones de litros.
Según datos de La Nación, la medida significará un aporte de $ 1.800 millones anuales para la principal actividad agroindustrial tucumana y una de las más importantes del NOA. El sector en la actualidad se encuentra en crisis, afectado por el bajo precio en el mercado interno como en el internacional, como consecuencia de una sobreoferta de producción.
Pero por otro lado, los productores de etanol de maíz han resultado ser los «discriminados» por el Gobierno, ya que el aumento del corte se abastecerá solo de etanol de caña de azúcar. Actualmente el abastecimiento del mercado es 40% a cargo de las industrias azucareras y 60% por parte de las industrias del maíz. Con la nueva medida, esta proporción se espera que cambie.
Debe recordarse que el etanol arrastra una diferencia de precio desde octubre de 2014, dependiendo de la materia prima de la cual se elabora. Para febrero de este año se dispuso que el proveniente de caña de azúcar se pague $10,648 por litro, el elaborado en base a maíz se abona a $8,421.
Hay sectores que han sembrado un manto de dudas sobre la medida. Es el caso de la Federación de Expendedores de Combustibles (FEC). Su presidente, Luis Malchioldi, ha indicado desconocer si el parque automotor estaba preparado para utilizar más alcohol. Seguidamente solicitó que se despejen las dudas con equipos técnicos que evalúen el funcionamiento en el motor. Por otro lado agregó que mientras el mundo está yendo hacia la utilización de combustibles que cumplen con las normas Euro V, en Argentina se está recién con las Euro IV.
Y finalmente, en abierta oposición se encuentran los fabricantes de autos, reunidos en Adefa. Estos han planteado una serie de cuestiones técnicas y han señalado que no tendrían inconvenientes si el corte era como mínimo del 25%, porque a partir de este contenido se justificaban los cambios en los ajustes de los motores. O ir directamente a la tecnología Flex, que permite usar cualquier proporción entre nafta y etanol, como sucede en Brasil y Paraguay.
La realidad es que la medida busca apostar por los biocombustibles, como una alternativa para reducir la dependencia de combustibles fósiles y reducir el déficit comercial que genera su importación.

