La Primer Ministro (PM) británica, Theresa May, anunció que hacia el primer trimestre de 2017 comenzaría el proceso formal de negociaciones para efectivizar el Brexit. Es decir, que invocaría el artículo 50 del Tratado de Lisboa, de modo tal que el Reino Unido tendría un período de dos años (hasta 2019) para negociar el acuerdo de salida de la UE. Se habla de fines de marzo como fecha límite para iniciar dicho proceso.
Asimismo, May anunció la llamada “Great Repeal Bill”, que consiste en revocar la Ley de Comunidades Europeas de 1972 e incorporar toda la legislación vigente de la UE en la legislación británica. El proyecto de revocación permitiría al Parlamento modificar y/o cancelar cualquier legislación no deseada y asimismo, poner fin a la competencia del Tribunal de Justicia Europeo en el Reino Unido (RU). No obstante, cabe aclarar que la derogación mencionada no puede entrar en vigor hasta tanto el Reino Unido haya dejado la UE.
Por otra parte, la PM en conferencia del Partido Conservador, indicó que el gobierno alcanzaría un acuerdo con la UE como un RU independiente y soberano. Aclaró que el Brexit significará tener la libertad para tomar sus propias decisiones en diversas áreas, desde el etiquetado de alimentos hasta la forma de controlar la inmigración.
May se comprometió a garantizar una solución que responda a las preocupaciones de la población británica acerca de la libre circulación, alcanzando el mejor acuerdo posible en materia de comercio de bienes y servicios.
Recientemente, se habla de soft y hard Brexit. Se trata de dos posiciones extremas: por un lado, un Brexit «duro» (hard)podría implicar que el Reino Unido se niegue a hacer concesiones en cuestiones como la libre circulación de personas, dejando el mercado único de la UE y comerciando con dicho bloque como si fuera cualquier otro país extra-UE, sobre la base de reglas de la Organización Mundial del Comercio. Esto significa que podría perder el actual acceso al mercado europeo libre de aranceles y otras restricciones que actualmente posee por ser miembro.
En el otro extremo de la escala, un Brexit «suave” (soft) involucraría alguna forma de adhesión al mercado único de la Unión Europea, a cambio de algún grado de libertad de circulación.
Al respecto, a través de un informe del gobierno de abril de este año filtrado a “The Times”, se le colocó un número al impacto económico a largo plazo que tendría el RU de permanecer en la UE frente a otras alternativas de Brexit duro o más blando. Este informe, que fuera presentado al parlamento por el ex Ministro de Economía británico, George Osborne, presenta el impacto de la salida del bloque regional mediante tres alternativas: 1) ser miembro del Área Económica Europea (EEA, por sus siglas en inglés) como Noruega, 2) negociar un acuerdo bilateral con la UE como es el caso de Turquía o Canadá o 3) simplemente la posición más extrema que sería permanecer como miembro de la OMC independiente sin ningún tipo de acuerdo comercial con la UE, tal como Rusia o Brasil, señala.
El documento realiza un análisis de impacto económico a través de un modelo gravitacional que distingue el efecto específico de ser miembro de la UE y las alternativas antes mencionadas de todas las otras influencias que determinan la inversión extranjera directa (IED) y el comercio. Los resultados del estudio, según el autor, sugieren que bajo cualquiera de los escenarios propuestos de abandono de la UE, el Reino Unido sería más pobre; es decir, se reducirían los flujos de comercio e inversión, resultando en menor productividad y PIB por persona, ya que los gastos pesarían considerablemente más que cualquier ventaja potencial de dejar la UE. Este impacto negativo sobre el PIB resultaría en menores ingresos fiscales, y por ende, podría significar un incremento en la toma de deuda pública, mayores impuestos o recortes en el gasto público.
Ante la incertidumbre acerca de la forma que adoptará la salida de la UE, y tal como figura en los escenarios que plantea Osborne, se habla de una serie de modelos distintos que podría adoptar el RU en su relacionamiento con la UE, una vez que se efectivice la salida. Un cuadro publicado por BBC el 10 de octubre, que mostramos a continuación resume muy sencillamente dichas potenciales opciones.
Entre los principales resultados del impacto a 15 años, menciona una caída en el nivel del PIB -según estimaciones centrales[1]– del orden del 3,8% en el escenario 1 (EEA), de -6,2% en el 2 (acuerdo bilateral) y de -7,5% en el 3 (caso más extremo de no tener acuerdo y ser miembro de la OMC independiente). Esto significa una reducción del PIB por hogar de£2.600,£4.300 y£5.200, respectivamente. Después de un quinquenio, en términos de ingresos fiscales, se calcula una retracción de£20,£36 y£45 billones al año, en cada uno de los escenarios mencionados.
[1]Expresado en términos de PIB 2015 en precios 2015, redondeados a las 100£ más cercanas.


