Pasada la etapa de euforia por haberse logrado un acuerdo en la OMC, empiezan a aparecer visiones más objetivas sobre los logros que realmente se alcanzaron en Bali. Entre estos análisis, un informe sobre el Acuerdo de Facilitación de Comercio (ACF) elaborado por el Dr. Alonso Ferrando de la CERA concluye que “si bien podría generar beneficios para los productos agrícolas, principalmente para las mercaderías perecederas que son tratadas en el artículo 7 del Acuerdo [que agiliza la liberalización y el despacho de aduana], no evita ni morigera las barreras sanitarias y fitosanitarias que muchas veces se transforman en verdaderas medidas para arancelarias injustificadas que restringen el comercio de estos bienes.”, y agrega que “El ACF es un acuerdo pensado claramente para los productos industriales […]”. Por su parte, el director de la División de Mercados, Comercio e Instituciones de IFPRI, Máximo Torero, analizó en una entrevista para CNN las principales consecuencias de Bali para América Latina. De acuerdo con su opinión, “lo que se ganó en esta reunión fue que se logró un acuerdo”. Mencionó que en agricultura no hubo logros de importancia, dado que las ventajas que los países desarrollados han logrado en la Ronda Uruguay no se han eliminado, y estos pueden seguir otorgando miles de millones de dólares en subsidios agrícolas. En este sentido, agregó que si bien “ha sido un buen logro de Azevêdo el poder seguir las discusiones”, la reducción de estas ayudas “va a tomar tiempo”. Por otro lado, criticó como exageradas las cifras difundidas por la Cámara de Comercio Internacional (ICC), que han tenido gran repercusión en la prensa. Este organismo estimó que el acuerdo en facilitación de comercio reduciría los costos de transacción entre 10% y 15%, y representaría una expansión de la economía mundial de 960 mil millones de dólares (520 mil millones para los países en desarrollo) y 20,6 millones de nuevos puestos de trabajo. Sobre el mismo tema, un artículo de IFPRI por David Laborde y Luca Salvatici concuerda con que esos números se encuentran muy sobreestimados. Explica que estos impactos fueron tomados del estudio “Payoff from the World trade agenda 2013”, que considera un escenario de negociación potencial mucho más completo y concreto que el paquete aprobado en Bali. Al analizar el lenguaje legal del texto aprobado, el artículo de IFPRI destaca que no es claro cuan vinculante sería el ACF, dado que incluye excepciones que permite a los países en desarrollo no aplicar las medidas a menos que reciban la asistencia técnica que requieran. Prevé, además, que posiblemente los compromisos sean efectuados sobre la base del “mayor esfuerzo”, lo que frecuentemente redunda en la no implementación. En un intento por ver el vaso medio lleno, Laborde y Salvatici cierran su nota mencionando que la lección más importante de Bali es que existen acuerdos parciales que se pueden alcanzar, y que no tiene sentido perderlos de vista ateniéndose a negociaciones del tipo “todo o nada”. De ese modo, la OMC podría continuar proveyendo paquetes reducidos similares al de la última reunión ministerial. De todas formas, en una Agenda de Doha por cuentagotas es difícil concebir caminos hacia resultados sobre los temas de gran importancia para el comercio agrícola, como son los subsidios a la exportación. En esta línea, un trabajo de Marcelo Halperin, publicado por la Fundación INAI, propone como hipótesis que en Bali los Estados Miembro suscribieron esencialmente compromisos de status-quo. En dicho trabajo se destaca el hecho de que mientras los países desarrollados que subsidian sus exportaciones han mantenido intactas sus pretensiones; los países en desarrollo importadores netos de alimentos, interesados en la protección de producciones agrícolas tradicionales, han obtenido una especie de “compensación”, con la posibilidad de constituir existencias publicas sin ser cuestionadas por otros Miembros de la OMC. Este “intercambio” de concesiones claramente no favorece a la tercera categoría de países en pugna: los países en desarrollo exportadores netos de alimentos pero sin capacidad para competir en las guerras de subsidios, como es el caso de Argentina. Finalmente, debe notarse que el mayor logro alcanzado durante la última Conferencia es, sin dudas, de carácter sistémico. La OMC salió de casi 20 años de letargo y demostró que aún es posible conseguir resultados comerciales a nivel multilateral. Lo que estaba en juego en Bali era la credibilidad de una Organización que no hubiese superado otro fracaso en su función de administrar y reformar las reglas de comercio global. Esperamos que este pequeño paso sirva de plataforma para conseguir avances en el resto de los temas más relevantes que integran el mandato negociador de Doha. En los próximos meses veremos si los Miembros son capaces de “aprovechar el momento”.
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Los coletazos de Bali.
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