La Administración Obama presentó a principios de marzo su agenda comercialpara 2014. En un documento elevado ante el Congreso de ese país, el Ejecutivo señaló la conclusión del Acuerdo Transpacífico (TPP) como la prioridad para este año.
Esta presentación se realizó en un contexto de críticas a la política comercial que viene desarrollando EE.UU. en el último tiempo. Con el objetivo de doblar las exportaciones hacia 2015, ha emprendido importantes negociaciones, entre las que de destacan el TPP y el Acuerdo Transatlántico con la UE (TTIP). Legisladores y la opinión pública en general temen que estos acuerdos en lugar de mejorar empeoren la distribución del ingreso.
En este sentido, el vicepresidente, Joe Biden, destacó que los tratados negociados por EE.UU. se encuentran dentro su interés nacional y deben avanzar si el país pretende mantenerse competitivo en el escenario internacional, sin perder posiciones frente al crecimiento de nuevos poderes económicos como China.
Desde la Oficina del Representante Comercial (USTR), resaltaron el potencial del comercio para apuntalar el crecimiento económico. Por cada mil millones en exportaciones de bienes se sostienen 5.400 empleos en EE.UU. El representante, Michael Froman, indicó que esta agenda tiene como objetivo crear empleos, promover el crecimiento y fortalecer la clase media a través de la apertura de mercados para las exportaciones norteamericanas.
A pesar de que muchos analistas alarmaron sobre la pérdida de dinamismo de las negociaciones para un acuerdo entre los países de la Cuenca del Pacífico, debido al incumplimiento de la meta de concluir el tratado el año pasado, EE.UU. renueva su compromiso. El denominado “Acuerdo del Siglo XXI” comprenderá no sólo la reducción de las tradicionales barreras arancelarias y no arancelarias al comercio, si no también regulaciones en otras áreas como regímenes ambientales y laborales, propiedad intelectual, empresas comerciales del estado, controles de capitales, inversión y servicios. El TPP es negociado actualmente por 12 países de la región de más rápido crecimiento en el mundo, representando cerca del 40% del PBI mundial y un tercio del comercio internacional.
Luego de la última reunión celebrada en Singapur, los representantes de Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y Estados Unidos subrayaron el “significativo progreso” alcanzado. Recientemente, delegaciones de EE.UU. y Japón se encontraron en Washington para acercar las distantes posiciones de ambos países en las condiciones de acceso a mercados para productos agrícolas.
Respecto del Acuerdo Transatlántico, si bien no indicó una fecha límite para su conclusión, la Casa Blanca considera que esta iniciativa representa una oportunidad histórica para modernizar las reglas comerciales y armonizar regulaciones y estándares aplicados a los intercambios bilaterales.
A mediados de marzo los negociadores de EE.UU. y la UE se vieron en Bruselas para la Cuarta Ronda de trabajo, donde se trataron los tres pilares del posible acuerdo: acceso a mercados, marco regulatorio y normas. El avance todavía es limitado, aunque se lograron definir los puntos clave a ser resueltos. Si bien la expectativa inicial era de un cierre de negociaciones en 2014, hoy se busca alcanzar en el curso del año un “progreso significativo”.
Luego de este encuentro se celebró una Cumbre el 26 de marzo donde participaron el presidente de EE.UU., Barack Obama, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Barroso. Además de la negociación del TTIP, destacaron la importancia de la OMC y de la pronta implementación de los resultados de Conferencia Ministerial de Bali, incluyendo el Acuerdo de Facilitación de Comercio.
En cuando a acceso a mercados, la UE opinó que la oferta sobre aranceles de EE.UU. no resultó tan ambiciosa como esperaban. El jefe de negociadores de EE.UU. explicó que para Washington un acuerdo ambicioso implicará la eliminación de todos los aranceles, pero que “el principal foco es el punto final de la negociación”. La liberalización incluirá tanto productos industriales como agrícolas, aunque existirán productos sensibles sujetos a períodos de transición.
En el pilar sobre regulaciones, hubo conversaciones sobre barreras técnicas al comercio y medidas sanitarias y fitosanitarias. Existen puntos que probarán ser especialmente complejos, como la prohibición de la UE a la carne estadounidense tratada con hormonas. Un segundo punto controversial será el proceso de aprobación de los organismos genéticamente modificados, tema que genera grandes divisiones al interior de la UE (Ver este boletín). Barroso mencionó que el mandato negociador no permite ningún tipo de debilitamiento de los estándares de la UE. En áreas donde la convergencia regulatoria no es posible, las dos partes apuntarían al reconocimiento mutuo.
Otro asunto a resolver se encuentra en la protección de inversiones y el mecanismo de resolución de disputas inversor-estado que se espera incluir en el acuerdo. El temor de algunos sectores es que tales medidas abran la puerta a que compañías extranjeras cuestionen las políticas sobre el medio ambiente o la salud pública. Ante ello, la CE lanzó una consulta pública para sondear las preocupaciones en la materia.
Finalmente, el USTR subrayó que durante 2013 se consiguió la apertura de mercados en diferentes países del mundo, mediante la eliminación de barreras no arancelarias aplicadas a las exportaciones estadounidenses de productos agrícolas. Se citaron como ejemplos la remoción de barreras sanitarias y fitosanitarias injustificadas para las exportaciones de carne bovina a Indonesia, República Dominicana, Panamá, México y la UE, carne porcina a la UE, Colombia, Kirguistán y Bahréin, frutas a Australia y productos hortícolas a los mercados asiáticos. Según el USTR, la expansión de las exportaciones de alimentos mejora el ingreso de miles de agricultores y trabajadores de la industria. Los 148 mil millones de dólares exportados en 2013 habrían sostenido 929 mil empleos en el sector.

