Continúan los esfuerzos en Ginebra por concretar antes de julio próximo un Plan de Trabajo que permita culminar la Ronda Doha de negociaciones comerciales multilaterales para finales del presente año. El director general de la OMC, Roberto Azevêdo, aunque destacó la existencia de un “compromiso positivo”, en las últimas semanas expresó preocupación por la falta de progreso, advirtiendo que las delegaciones debían “redoblar” esfuerzos si pretenden acercar las posiciones y cumplir con el cronograma previsto.
Los Miembros siguen discutiendo si los borradores de modalidades alcanzados en diciembre de 2008, previo al estancamiento de la Ronda, constituyen la base del futuro acuerdo. Partidario de apartarse de aquellos textos y “recalibrar” las negociaciones, el representante estadounidense, Michael Punke, manifestó que la opción es clara: “o adaptamos nuestras expectativas colectivas de manera rápida y significativa, o la OMC debe comenzar a enfrentarse con la perspectiva de un fracaso definitivo”. EE.UU. pretende lograr un programa de trabajo balanceado y que conserve algún grado de ambición, con mayores concesiones por parte de las economías emergentes, especialmente en subsidios agrícolas. Por su parte, el embajador chino, Yu Jianhua, resaltó que las negociaciones no deben alejarse de los mandatos previamente acordados, indicando que los textos de 2008, conocidos como Rev. 3 y Rev. 4, deben continuar sirviendo como punto de referencia.
Mientras tanto, los representantes argentinos sostienen una postura intermedia. Aunque procuran mantener las negociaciones dentro de los actuales mandatos, denuncian el desequilibrio en las disciplinas volcadas en los mencionados borradores, que implicarían reducciones arancelarias mucho más ambiciosas en bienes industriales que en bienes agrícolas. A principios de marzo, Argentina presentó una propuesta que busca un enfoque diferente en el área de acceso a mercados, basado en un mecanismo de pedidos y ofertas que descarta el uso de fórmulas generales y flexibilidades para la reducción arancelaria (Ver Boletín Nº 145). En materia de bienes agrícolas, preocupan especialmente los efectos que podría causar la puesta en funcionamiento de un Mecanismo de Salvaguardia Especial, que permitiría a los países en desarrollo a elevar sus aranceles ante aumentos súbitos de las importaciones o caídas de los precios. Las propuestas presentadas por el G-33 en este sentido podrían incluso significar un retroceso respecto de lo obtenido en rondas anteriores, permitiendo aumentar fácilmente la protección agrícola en las principales economías emergentes.
Para superar las diferencias entre los Miembros, en su intervención ante el Comité de Negociaciones Comerciales, Azevêdo pidió encontrar un equilibrio global que sea satisfactorio para todos. Para esto, exhortó a explorar un “debate horizontal”, que permita identificar compensaciones recíprocas entre los sectores más importantes: industria, agricultura y servicios.
El programa que se acuerde en julio debe constituirse en el trampolín hacia el éxito en la Décima Conferencia Ministerial, que se celebrará en Nairobi en diciembre. Debe ser ambicioso, pero también factible. La credibilidad y el papel que jugará la OMC en el sistema internacional de comercio de los próximos años están en juego.

