Después de semanas de disputas y acalorados debates legislativos, el Senado norteamericano aprobó la “Bipartisan Congressional Trade Priorities and Accountability Act”, con la que se le renueva al Poder Ejecutivo la “Autoridad para la Promoción del Comercio” (TPA, por sus siglas en inglés). La TPA, también conocida como “vía rápida”, es un procedimiento a través del cual el Congreso define las prioridades y objetivos que los negociadores deben llevar adelante, obligándose luego a aprobar o rechazar el acuerdo comercial alcanzado sin la posibilidad de realizar enmiendas.
En la última parte de su mandato, y ante la necesidad de aumentar las exportaciones para promover el crecimiento y la creación de empleo, el presidente Barack Obama ha hecho de la agenda comercial una de sus prioridades en materia económica. Se ha esforzado por convencer a la opinión pública y los Miembros del Congreso de los beneficios que generarían las iniciativas comerciales bajo negociación, particularmente el Acuerdo Transpacífico (TPP) y el Acuerdo Transatlántico (TTIP). A través de estos tratados, el Gobierno estadounidense busca disputarle a China el liderazgo en la definición de nuevas disciplinas comerciales de alcance global.
Para que estas negociaciones lleguen a buen puerto, resulta imprescindible la renovación de la TPA, cuya versión previa expiró en el año 2007. Los socios comerciales de EE.UU. no están dispuestos a realizar su oferta final hasta que no se les asegure que lo acordado no será luego reformulado por el Congreso de ese país.
La lucha legislativa se ha mudado ahora a la Cámara de Representantes, donde el resultado es todavía incierto. La principal oposición al deseo del presidente Obama proviene de los Miembros de su propio partido, quienes observan con escepticismo los posibles beneficios de los tratados de libre comercio.
Por este motivo, la ley sancionada por el Senado incluye también la renovación del Programa de Asistencia para el Ajuste del Comercio (TAA), que provee apoyo a los trabajadores domésticos desplazados como consecuencia de los cambios en la matriz productiva generados por los acuerdos.
En una entrevista, el presidente estadounidense reconoció que muchas personas desconfían del comercio por algunos efectos adversos de tratados pasados como el NAFTA y el ingreso de China a la OMC. No obstante, señaló que esto no es razón para no entrar en nuevos acuerdos comerciales, si no para reforzarlos, tomando recaudos para mejorar la capacitación de los trabajadores y la infraestructura, evitando cualquier pérdida de competitividad. “La tendencia a la globalización es irreversible”, manifestó, agregando que “EE.UU. debe escribir las reglas de la economía global para que sus trabajadores compitan en pie de igualdad”.
Uno de los aspectos que ha generado mayor controversia entre demócratas y republicanos, es el tratamiento de disciplinas para evitar la “manipulación” de monedas. Algunos legisladores presentaron propuestas tendientes a establecer en los tratados negociados por EE.UU. cláusulas que permitan castigar a aquellos países que utilicen la devaluación como vía para ganar competitividad. Esta visión ha sido duramente criticada por la Casa Blanca, dado que llevaría al fracaso de las actuales negociaciones. Si bien el tema fue incluido en la ley del Senado, los negociadores estadounidenses sólo buscarán compromisos de transparencia y cooperación en la materia, que no pondrían las conversaciones del TPP en riesgo.
Otro aspecto controversial ha sido el diseño de un tribunal de disputas Estado-Inversor (ISDS), que podría permitir a las Empresas Transnacionales denunciar políticas públicas llevadas adelante por los diferentes gobiernos que afecten sus intereses en el marco de estos acuerdos.
Se espera que la Cámara Baja apruebe la TPA en junio, permitiendo aprovechar la ventana de oportunidad que se abre hasta las próximas elecciones presidenciales para la conclusión del Acuerdo Transpacífico. Los negociadores jefes de los países que integran esta iniciativa se han reunido recientemente en Guam, consiguiendo avances en algunos temas relevantes. No obstante, la reunión de Ministros pactada para fines de mayo, donde se esperaba el ingreso a la fase final de las conversaciones, fue pospuesta hasta que la delegación de EE.UU. cuente con el Fast track.
Finalmente, debe notarse que durante la visita del primer ministro japonés, Shinzo Abe, a Washington, los mandatarios de los países más poderosos del TPP se comprometieron a una “conclusión rápida y exitosa” de las negociaciones. Aunque las posiciones se mantienen alejadas en tópicos como propiedad intelectual, empresas de comercialización estatal, automóviles y agricultura, la voluntad política expresada permite a los analistas ser optimistas respecto de la firma del tratado para finales de este año.

