El comercio exterior de Argentina continúa en caída, con consecuencias negativas para el crecimiento económico. Según datos de INDEC, la balanza comercial tuvo su peor julio desde 2001 y se acentúa la falta de dólares. En el Informe sobre el Intercambio Comercial Argentino (ICA), se pone de manifiesto el derrumbe del superávit, que alcanzó los 204 millones de dólares, 75% menos que el mismo mes del año anterior.
Para el primer semestre del año el resultado de la balanza comercial arrojó un saldo de 1.232 millones de dólares (-63%). No obstante, si se toman los datos del Banco Central, para el mismo período se contabiliza un déficit de 762,5 millones de dólares, que evidenciaría la sobrestimación de las exportaciones por parte del INDEC.
Al desagregar las caídas registradas en el valor de las exportaciones e importaciones del primer semestre se observa que las menores ventas externas se explican fundamentalmente por una significativa disminución en los precios (-17%), aunque también cayeron las cantidades (-1%). En el mismo sentido, las importaciones cayeron más por precio (-11%) que por cantidad (-3%).
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El fenómeno no es nuevo. La caída de los flujos comerciales de Argentina con el exterior comenzó en el año 2011, después de alcanzado un récord de exportaciones de 84 mil millones de dólares. Desde entonces, las exportaciones han retrocedido un 19%, situándose en 68 mil millones de dólares en 2014, y las importaciones un 12%, evaporando el superávit comercial conseguido durante toda la Administración kirchnerista.
Son varias las razones que explican estos malos resultados. La primera es el deterioro de la coyuntura económica en los principales destinos de exportación. Mientras Brasil se encuentra inmerso en una profunda crisis económica y política, China vive un proceso de desaceleración de su crecimiento económico. La segunda es la escasa presencia de productos argentinos en los mercados más dinámicos del mundo: México, Singapur, Rusia, Taiwán, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Australia, Tailandia, Malasia y países africanos como Argelia, Angola, Camerún y Nigeria. La tercera razón es la caída de los precios internacionales de los commodities agrícolas, que ocupan los primeros lugares en la matriz exportadora del país. Y la cuarta refiere a la pérdida de competitividad debido al atraso cambiario, los elevados costos de transporte, la inflación, y la desprotección de los principales sectores exportadores por la aplicación de derechos y restricciones a las ventas externas.
Por el lado de las compras, deben mencionarse las cuestionadas trabas a las importaciones, que ocasionaron conflictos con los principales socios comerciales. Según un Informe de la Consultora DNI, como el grueso de las importaciones argentinas se destina a la producción, su disminución ha tenido relación directa con la caída en la actividad industrial. De esta manera, el país entra en un círculo vicioso: la escasez de divisas –por caída de exportaciones, descenso en los ingresos por IED y restricción en el acceso al financiamiento externo- lleva a la imposición de restricciones que afectan la actividad y con ella a las exportaciones.
Dados los efectos positivos que el comercio tiene sobre el crecimiento y el desarrollo del país, Argentina debe emprender cuanto antes una estrategia que le permita revertir la tendencia negativa de sus exportaciones. La misma deberá promover negociaciones con los principales y más dinámicos mercados para conseguir un mejor acceso para sus productos. De lo contrario, una actitud pasiva frente al cierre de las actuales negociaciones mega-regionales podría significar incluso la pérdida de mercados tradicionales, agravando la situación. Además de adecuadas condiciones macroeconómicas, estas acciones deberán ser complementadas con medidas de promoción comercial que incrementen la competitividad y faciliten la inserción de las empresas y productos argentinos en las Cadenas Globales de Valor.

