Una gran volatilidad sacudió a los mercados tanto financieros como de commodities, ante una devaluación China que tomó a los operadores por sorpresa el pasado 11 de agosto. La medida estaría orientada a lograr una debilitación del yuan estimulando las exportaciones de ese país ante el debilitamiento de su economía, y fue por lo tanto interpretada como una alarma que indicaría que la situación económica en el país es más grave de lo que se preveía. Algunos analistas calificaron a la economía oriental como una “caja negra”, dado que no es posible conocer con exactitud su estado debido, entre otras cosas, a deficiencias en las estadísticas. De ese modo, los mercados están a atentos a las decisiones de política para inferir cual es la visión que tiene el gobierno chino.
A partir de esto, se empezó a reflejar en diversos medios el temor a una “guerra de divisas”, fundado en la posibilidad de que otros países respondan al movimiento Chino devaluando su propia moneda para evitar perder competitividad.
Existen varios motivos por los cuales una guerra de divisas sería negativa para la economía mundial. Uno de los principales riesgos es el incremento a los incentivos de muchos países de elevar el uso de medidas proteccionistas, lo que afectaría al comercio y al crecimiento. Si bien la aplicación de ese término, puede ser prematura, ya se observaron devaluaciones en varios países de América Latina.
En EE.UU. las repercusiones tampoco tardaron en verse. Los mercados esperaban un comienzo de ciclo de subas de tasas por parte de la Reserva Federal, lo que ahora podría no ocurrir si el organismo busca evitar mayores problemas en la economía mundial.
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os commodities agrícolas reaccionaron fuertemente, especialmente la soja, sobre la que los mercados estiman habrá abundancia. Este producto alcanzó en Chicago sus precios mínimos en 6 años, dado que ya se encontraba en valores bajos tanto en dólares como en yuanes.
Existen opiniones que ven a la reacción de los mercados y los medios como exagerada, dado que interpretan que el movimiento cambiario en China tiene un objetivo diferente. El país habría permitido la libre flotación del yuan para que esa moneda cumpla con los requisitos que fija el FMI para la elección de sus activos de reserva, grupo al que pertenecen el dólar, la libra británica, el euro y el yen.
De todas formas, la situación de China no deja de ser problemática para los países de América Latina que proveen de materias primas a ese país. En lo que va de 2015, la moneda brasilera se depreció frente al dólar un 25%. Similarmente, el tipo de cambio de Uruguay se debilitó, lo que compensó a los productores por las pérdidas del precio internacional de la soja.
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