A lo largo de este año se han logrado importantes avances en las denominadas negociaciones mega-regionales, entre ellas el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (TTIP), la Asociación Económica Regional Integral (RCEP), y el recientemente concluido Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, ver “Conclusión exitosa del Acuerdo Transpacífico” en este Boletín). Por el número y tamaño de las economías involucradas y las disciplinas abordadas, estos procesos tendrán un profundo impacto sobre la arquitectura de las relaciones mundiales de comercio e inversión. En todos los casos se busca armonizar las reglas con que operan las principales cadenas globales de valor.
En su mayor parte, estos “acuerdos de integración profunda” buscan establecer compromisos de mayor alcance a los establecidos por el sistema multilateral de comercio en temas como comercio de servicios, propiedad intelectual, obstáculos técnicos y compras públicas, denominados OMC-plus. Asimismo, estos tratados suelen contener obligaciones en áreas actualmente no reguladas por las disciplinas multilaterales, denominadas OMC-X, entre las que se destacan el tratamiento de la inversión, la política de competencia, los flujos de capital, y las regulaciones ambientales y laborales.
Considerando conjuntamente a las tres iniciativas mencionadas, casi el 70% del comercio agroindustrial internacional está sobre la mesa de negociación. Los principales proveedores de alimentos como EE.UU., Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Malasia están negociando mejores condiciones de acceso a los mercados más importantes del mundo como Japón, China e India.
Mientras que estos acuerdos traerán oportunidades económicas especialmente a los países involucrados, el escenario resulta preocupante para Argentina, que no forma parte de ninguno de ellos. Los principales impactos son analizados en el trabajo “Mega-regionalismo y comercio agroindustrial. Impactos para Argentina” de la Fundación INAI.
Allí se concluye que las mejoras de acceso obtenidas por sus competidores por la disminución de barreras arancelarias y no arancelarias podrían traer aparejado pérdida de mercados y de relevancia como destino de inversiones. De acuerdo a mediciones utilizando herramientas de simulación, las exportaciones argentinas de alimentos podrían disminuir en un 8% hacia EE.UU., 7% a la UE, 3,6% a Chile, 1,7% a China y 20,7% a India. Entre los productos más afectados estaría la carne bovina.
Un estudio similar realizado por la Fundación Getulio Vargas, estima que las exportaciones totales brasileñas podrían disminuir un 10% y 5% por la conclusión del TTIP y el TPP respectivamente. En cambio, si Argentina y Brasil se involucran en estas negociaciones sus exportaciones podrían aumentar considerablemente.
No obstante, los mayores impactos provendrán del hecho de que las normas negociadas dentro de estos acuerdos podrían ser luego exigidas al resto de los países del mundo. Ante el estancamiento de la OMC, los promotores de estas iniciativas ven en ellas la oportunidad para el establecimiento de nuevas reglas mundiales basadas en sus propios estándares y normativas. En este sentido, existe el riesgo de que se negocien requerimientos (sanitarios, ambientales, de calidad o trazabilidad) que resulten de difícil cumplimiento, lo que traerá aparejado mayores costos que podrían incluso dejar a los productos argentinos fuera de estos destinos. Al no participar de su diseño, Argentina deberá ajustar sus políticas a disciplinas negociadas por y a conveniencia de terceros países.
Por lo tanto, como se expresó en la presentación que la Fundación INAI realizó en el Foro Internacional de Granos, el desafío principal que el mega-regionalismo conlleva para el sector agroindustrial argentino es que los caminos que conducen a la superación de las vulnerabilidades de su actual inserción comercial se vean estrechados. Será mucho más difícil aumentar la participación en el comercio internacional logrando al mismo tiempo ascender en las Cadenas Globales de Valor, a través de la diversificación de las exportaciones hacia productos con mayor grado de transformación.
Frente al mega-regionalismo Argentina tiene al menos cuatro opciones de política, las cuales no son mutuamente excluyentes. La primera es intentar conducir las negociaciones sobre los nuevos temas de vuelta al ámbito multilateral, al menos promoviendo la concreción de iniciativas plurilaterales entre una masa crítica de países que estén de acuerdo en profundizar las normativas actuales. La segunda, involucrarse a través del Mercosur en las iniciativas mega-regionales vigentes; para evitar el desvío de comercio, aumentar sus intercambios con los mercados asiáticos, e incidir en la confección de las nuevas normas mundiales. La tercera, dinamizar su agenda de relacionamiento externo promoviendo la concreción de tratados con los principales países y bloques económicos, buscando posicionar a sus productos y atraer inversiones. La cuarta opción es potenciar el mercado regional y la conformación de cadenas regionales de valor como plataforma para la exportación de alimentos procesados.
Cualquiera sea el camino a seguir, Argentina debe definir de manera pronta su estrategia, para no desaprovechar las oportunidades que se presenten en el mundo comercial de la próxima década.
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