En el marco del establecimiento de normas que estimulan el consumo de biocombustibles, a nivel mundial ha surgido un debate sobre los efectos que esto podría ocasionar sobre áreas no destinadas hasta el momento a la agricultura y su consecuente efecto sobre las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Uno de los puntos mas discutidos es el llamado “cambio indirecto en el uso del suelo” o ILUC por sus siglas en inglés. Este se generaría a razón de la expansión del área destinada a la agricultura debido a un incremento en la producción de productos sustitutos a los que se utilizan para la fabricación de biocombustibles, tanto dentro del país donde se desarrolla la producción del biocombustible como en los otros países. En el marco de política de apoyo europeo a los biocombustibles, la Comisión Europea encargó cuatro estudios sobre ILUC, los cuales se realizaron entre los años 2009 y 2010. Los mismos sirvieron de base para que se realizara una consulta pública -que cerró el 31 de octubre pasado- entre los actores interesados. Vale destacar que diversas instituciones argentinas participaron de dicha consulta, entre las cuales se encontraba el INAI (Ver Boletín Nº 99 del INAI). Según indicó la Comisión, se recibieron en total 139 respuestas, provenientes de ONGs, industria, asociaciones de productores agrícolas y terceros países. El objetivo de la consulta pública era conocer la opinión del público en general sobre si debe tomar en cuenta o no estos efectos indirectos a la hora de calcular las emisiones de gases de efecto invernadero producidos por los biocombustibles a lo largo de todo el ciclo de vida (cultivo de la materia prima, trasporte y trasformación). También versaba sobre la evidencia científica existente y la factibilidad o no de medir estos efectos y poder asignarles un valor de emisión de gases de efecto invernadero. Teniendo presente los resultados de la consulta, la Comisión deberá presentar un reporte el próximo 31 de diciembre y es posible que también realice una propuesta legislativa sobre el tema. En caso de concretarse la misma, el Parlamento y el Consejo necesitarán al menos un año para negociar un acuerdo en torno a esta. En las conclusiones preliminares de la consulta se pueden identificar tres grupos de interés diferentes. Por un lado, la mayoría de las ONGs, probablemente de orientación ambientalista, señalan que los estudios presentados contienen los mejores conocimientos científicos disponibles. También indican que se deberían utilizar otras posibles mezclas de biocarburantes, teniendo en cuenta los planes de acción nacionales sobre energías renovables. Y por último, proponen que la incidencia del ILUC sea tenida en cuenta para cada tipo de biocombustible utilizado. Otro sector, que agrupa a la mayoría de la industria, asociaciones de productores agrícolas y terceros países, afirma que los estudios presentados no son una buena base para sacar conclusiones. Indican que gran parte de las suposiciones son no fiables o son arbitrarias, proporcionando diversas referencias literarias para apoyar estas conclusiones. En razón de esto, consideran muy importante seguir avanzando sobre las cuestiones científicas pertinentes. A su vez, señalan que no debe llevarse adelante ninguna acción sobre el ILUC, salvo en lo relativo a la concreción de acuerdos internacionales para proteger áreas ricas en carbón. Finalmente, los propios países miembros de la UE poseen puntos de vista diferentes. Como se ha indicado en anteriores ediciones, hay que tener presente que el tratamiento de este concepto en los biocombustibles puede ser la antesala para que luego se extienda a otros productos comerciados con la UE, como las harinas oleaginosas o los aceites. Por consiguiente, es muy importante seguir este tema de cerca para impedir que se convierta en un obstáculo injustificado al comercio.
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BIOCOMBUSTIBLES – CAMBIO INDIRECTO EN EL USO DEL SUELO
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