En lo que va del año, ha crecido en el mundo la preocupación por el aumento de los precios de los alimentos. Según un informe dado a conocer por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los precios de las commodities agrícolas están superando los máximos registrados antes de la crisis de 2008. Esta situación tendría serias consecuencias, sobre todo en los países más pobres, debido al aumento de la cantidad de personas que padecen hambre. Además, traería aparejados riesgos de aumentar la violencia y producir inestabilidad política en diferentes partes del globo. El pasado 3 de febrero se publicó el valor del índice de precios de los alimentos, elaborado por la FAO, el cual registró un aumento por séptimo mes consecutivo (3,4% desde diciembre 2010 a enero 2011), situándose en su máximo histórico desde 1990. Los precios de todas las commodities monitoreadas por este organismo internacional evidenciaron aumentos durante el mes de enero, con la única excepción del precio de la carne, que se mantuvo sin cambios. De acuerdo a la FAO, el sistema global de alimentos se está volviendo más vulnerable y susceptible a episodios de extrema volatilidad de precios. El índice de precios de los cereales alcanzó su máximo desde julio de 2008, aunque se mantiene un 11% inferior al pico registrado en abril de ese año. Por su parte, el índice de aceites se encuentra cercano al record de junio de 2008. Particularmente, la FAO señaló que el precio internacional del trigo aumentó un 4% respecto a los niveles de diciembre, debido a una fuerte demanda de exportaciones, a las preocupaciones por las reservas de trigo de alta calidad, al aumento del precio del petróleo y a un dólar más débil. El precio internacional del maíz también creció un 4%, producto, entre otros factores, a la baja en las proyecciones de la producción argentina. En un intento por contrarrestar los efectos inflacionarios en sus mercados internos, producidos por estas subas de precios, los países han adoptado diversas medidas. Entre estas se encuentran las restricciones a las exportaciones aplicadas por algunos de los antiguos países soviéticos, la reducción de los aranceles a la importación de cebollas en India y la prohibición de su exportación, y los controles de precios y el aumento de los subsidios al trigo en China. Por otra parte, son varios los países que han planeado grandes compras y almacenamiento de trigo, azúcar y arroz para asegurar el acceso a los alimentos de su población, lo que generará presiones adicionales sobre los precios internacionales. Esto está sucediendo en el Norte de África, los países de Medio Oriente, Indonesia y Filipinas. China, por su parte, es probable que realice importantes compras de soja y maíz dado que su producción doméstica no podría cubrir la demanda de consumo. La mayoría de los analistas coincide en que los aumentos en los precios de los alimentos obedecen a causas profundas y estructurales, originadas en la creciente demanda de alimentos de economías emergentes, que han evidenciado un renovado crecimiento económico luego de la crisis financiera mundial, como es el caso de China. A esta demanda pujante, se le suma la política energética de países desarrollados como EE.UU. y la UE, que promueven la utilización de alimentos en la fabricación de biocombustibles. A los anteriores, debe agregársele la política monetaria que persigue la Reserva Federal de EE.UU., que genera la devaluación del dólar estadounidense frente al euro, e incrementa los precios de las commodities debido a que estos son denominados en esa moneda en los mercados internacionales. Por el lado de la oferta es inevitable mencionar el bajo nivel de inversiones para estimular un aumento comparable al de la demanda. Tampoco hay que olvidar que en el pasado se redujeron gradualmente los coeficientes stock/consumo por la reducción de existencias, tanto a nivel público como privado. No obstante, en estos meses se ha discutido la relevancia de algunas teorías alternativas. Varios expertos coinciden en que las condiciones climáticas adversas en los principales países productores está jugando un papel central en los recientes incrementos de precios. En este sentido, diferentes reportes especializados coinciden en que las proyecciones para este año de las cosechas de los cultivos más importantes son sombrías, lo que contribuye a agudizar la relación stock/ consumo. De esta manera, se señalan el ciclón Yasi que azotó Australia y dañó las plantaciones de azúcar, las enormes inundaciones y las sequías sufridas en suelo australiano que dañaron la cosecha de trigo, las fuertes lluvias en Indonesia que afectaron los cultivos de arroz, la severa sequía invernal en China, principal productor mundial de trigo, la inconsistencia climática en EE.UU., las sequías y temperaturas récord que afectaron a grandes productores de trigo como Bielorrusia, Kazajstán, Moldavia, Rusia y Ucrania, entre otros desastres naturales; como responsables de los recientes aumentos de precios. Algunos, entre los que se encuentran el premio Nobel de economía, Paul Krugman, piensan que estas manifestaciones son parte del cambio climático que estaría afectando al planeta, y que de no tomarse en un corto plazo medidas para mitigar y adaptarse al calentamiento global, los precios de los alimentos se mantendrán en niveles superiores a los históricos y con un mayor grado de volatilidad. Por su parte, el director general de la OMC, Pascal Lamy, señaló que si bien las principales causas de la crisis son las limitaciones de oferta producidas por el “mal tiempo”, hay otros factores que han contribuido a esta situación. Especialmente, Lamy señaló a las restricciones a la exportación como un factor fundamental por su incidencia directa en el agravamiento de las crisis alimentarias. Las restricciones a la exportación siembran el pánico en los mercados cuando los distintos actores ven cómo los precios se disparan. Para Lamy, estas restricciones fueron la causa más importante de la explosión de los precios del arroz en 2008, y tienen mucho que ver en el aumento del precio de los cereales registrado en el período 2010-2011. El Director sugirió que la Ronda Doha podría ser una ventana para abordar las restricciones y derechos de exportación. Aún más acalorado que el debate sobre el cambio climático es aquel sobre si la especulación financiera es culpable o no de los altos precios de la comida. En relación a esto, la actual presidencia francesa del G-20 indicó que una de sus prioridades será la de abordar la volatilidad del precio de los commodities. Con la creencia de que la misma es producida, en gran parte, por el mayor accionar de los actores financieros en los mercados de materias primas; Francia presentó, en la última reunión de Ministros de Finanzas del bloque, una propuesta para combatir la especulación financiera en las commodities. La propuesta de Francia consiste, en principio, en que organizaciones internacionales como la FAO recolecten y provean información transparente sobre la producción, el consumo y los stocks de alimentos a nivel mundial. También sugirió la necesidad de colaboración internacional para abolir la imposición unilateral de restricciones a las exportaciones. A su vez, Francia indicó que usará su presidencia del G-20 para regular el comercio mundial de commodities con el fin de luchar contra la especulación, con medidas como asegurar que los operadores en estos mercados ofrezcan garantías de sus transacciones. La intención de Francia es presionar a favor de una mayor transparencia en los mecanismos de formación de precios en los mercados físicos de materias primas y una mayor regulación de las transacciones de derivados financieros para reducir las subas. Posiciones más extremas en Europa reclamaron por la creación de un Banco Mundial de Cereales y una política pública de almacenamiento y gestión de las existencias a nivel mundial. Para Olivier De Schutter, especialista en alimentos de Naciones Unidas, un mercado de productos derivados es necesario porque permite a los productores cubrirse de la volatilidad. Pero si los intercambios en estos mercados no están regulados, terminan desestabilizándolos. Se forman burbujas que luego explotan, sin que esto esté relacionado con los fundamentals dados por los niveles de cantidades ofertadas y demandadas. Argentina, en conjunto con Brasil, se opuso abiertamente a las propuestas presentadas por Francia en la mencionada reunión del G-20. El ministro argentino, Amado Boudou, se mostró en contra del “establecimiento de precios máximos para los productos del agro”, y ha convenido en que la forma de abordar la tensión actual en el mercado es “estimular la oferta”. No obstante, en Paris se habló de un “malentendido”. “Francia no propicia precios topes para las materias primas, sino que de la misma manera que se combatió la especulación financiera en el G-20 con apoyo argentino, se limite el daño que ocasiona la especulación en commodities”, explicó el canciller argentino, Héctor Timerman, quien se comprometió a aclarar en su país la postura francesa. En el ámbito interno, el sector privado agrícola puso en evidencia la contradicción entre la postura que el gobierno argentino manifiesta en foros internacionales, con la política desarrollada al interno del país. Debido a las posiciones encontradas, en su comunicado final, el G-20 se limitó a pedir un informe que aborde las causas y las consecuencias de la excesiva volatilidad de precios, y señale posibles medidas a adoptar. Además, reiteró la necesidad de aumentar la inversión en el sector agrícola de los países en desarrollo. A pesar de que el presidente francés, Nicolás Sarkozy, ha señalado la especulación como la gran responsable, muchos economistas han concluido que esta tuvo poco que ver en los incrementos de 2008, y que probablemente este sea el caso ahora. Para la OECD, el mismo Krugman y especialistas del sector los precios no se forman a partir de los mercados de futuros, sino de los físicos disponibles. Recientemente, también se ha señalado que los aumentos en los precios del petróleo por la crisis política y social en algunos países del Norte de África, como Egipto y Libia, se suman a las causas del aumento en los precios de las commodities agrícolas. Finalmente, existe cierto consenso acerca de que los precios de los alimentos continuarán al alza en lo que resta del año. Esto planteará enormes desafíos de política, principalmente en aquellos países con gran porcentaje de la población bajo la línea de pobreza. Por lo pronto, el tema volverá a ser tratado en las futuras cumbres del G-20.
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AUMENTO DE PRECIOS DE LOS ALIMENTOS
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