El biocombustible argentino, y principalmente el biodiésel a base de soja, se encuentra en un momento de pleno desarrollo y presenta importantes oportunidades a futuro. Según datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), durante el año pasado la producción de biodiésel y bioetanol sumó 2 millones de toneladas, lo que representó un aumento del 60% respecto de 2009. De la producción total, el 95% correspondió al biodiésel. Por el lado del bioetanol, la producción se ubicó cerca de las 100 mil toneladas. En materia de biodiésel, el consumo interno -recuérdese que el corte obligatorio es del 7%- absorbió el 28% de lo producido, con 508.275 toneladas que se volcaron al mercado local. Jorge Hilbert, coordinador del Programa Nacional Bioenergía del INTA, puntualizó que el país exhibió en 2010 una capacidad de producción que superó los 2 millones de toneladas anuales, destinados en partes iguales al mercado interno y a la exportación, mientras que este año se espera que la producción aumente a 3,2 millones. Estas cifras permiten que nuestro país se posicione como uno de los mayores productores y exportadores de biocombustibles del mundo. Según un informe de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER), nuestro país se ha consolidado como uno de los principales productores mundiales, dado que las proyecciones lo elevan al cuarto lugar del ranking respectivo luego de Alemania, Francia, y Brasil. En el ámbito interno, a fines del mes de marzo, se anunció la liberación de los precios de los combustibles, medida que incluyó a los biocombustibles. De esta manera, el biodiésel sería el primer combustible que registraría cambios. Mientras que desde enero los valores de la oleaginosa y de su derivado, el aceite, crecieron escalonadamente un 19,1%, el biodiésel mantuvo el precio fijado por la Secretaria de Industria, organismo responsable de su actualización mensual. Según se ha indicado, las grandes y medianas empresas productoras de biodiésel en el país aplicarían alzas promedio del 20%. Por otro lado, en el frente externo, la industria española, representada por la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), ha elevado su voz frente a lo que denomina la “competencia desleal” de la producción de Argentina e Indonesia. De acuerdo a esta entidad, la avalancha de biodiésel proveniente de ambos países tiene su origen “en el sistema de tasas diferenciales que aplican a la exportación” y hace que sus precios sean más bajos que los locales. Y explican que “el gobierno argentino grava la exportación de soja con una tasa del 32%, mientras que el producto elaborado con la misma materia soporta una tarifa bruta del 20%, mientras que en el caso de Indonesia, el gravamen al aceite de palma es del 25% y el biodiésel producido con dicho aceite solo tiene una imposición del 10%”. De acuerdo los datos oficiales de Aduanas, entre enero y noviembre de 2010 se importaron en España más de 700.000 toneladas de biodiésel, lo que supone casi el 60% de todo el consumo nacional en ese mismo período. De las importaciones acumuladas el año pasado más de tres cuartas partes han provenido de Argentina e Indonesia. Según sostienen, en España existen 48 plantas de producción de biodiésel, con una capacidad de producción de 4,2 millones de toneladas por año, de las cuales la mayoría están paradas o a punto de cerrar. Por ultimo, la Comisión Europea se encuentra estudiando la posibilidad de elevar el porcentaje de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del biodiésel de soja del actual valor de default del 30,8% a aproximadamente un 50%. Esto, de confirmarse, reflejaría el éxito de los intercambios técnicos del INTA y representantes del sector con funcionarios y técnicos de la UE. Recordemos que el INTA, desde 2009, cuenta con cálculos propios que demuestran que el biodiésel argentino reduce al menos un 76% de GEI en comparación con los combustibles fósiles.
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